
Barack Obama se convertirá en el 44.º presidente de los Estados Unidos, según revelaría una cuarteta hecha por el profeta francés Michel de Nostredame (Nostradamus) en 1555. Incluso, advierte que el futuro líder norteamericano es el que guiará al mundo en el instante de ocurrir un terrible cataclismo en el 2012. El análisis realizado por un grupo especializado de Historia del Instituto Smithsonian, dirigido por el profesor Eugene Randell, describe una visión observada en la Cuarteta 243 de las Centurias de Nostradamus. Esta señala lo siguiente: El gran imperio se transformará de la nada. El todopoderoso por más de 400 años. Gran poder dado al negro, originario de los esclavos. El Aryana no se satisfará del todo. El negro originario de los esclavos es Obama. Además, la palabra "Aryana" (persona bella del Este, según la lengua persa) es sinónimo para el vocablo africano-hebreo "Barack" (bendito). Otro hecho que preocupa de las revelaciones de Nostradamus es que describe al hombre que provocaría la Tercera Guerra Mundial en Oriente Medio con el apodo de "Mabus". El nombre completo de Obama forma Mabus: Oba(MA) (B)arack H(US)sein. También la presidencia de Obama durará 4 años, es decir, que concluirá en el 2012, año que los indios mayas apuntan en su calendario como fecha del fin del mundo.
http://www.critica.com.pa/archivo/11022008/critica.shtml
Barack Obama y el mesianismo
"Juro fidelidad a la bandera de Estados Unidos de América y a la República que representa, una nación bajo Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos". Con estas palabras, la cabeza descubierta y en pie, comienzan sus clases cada mañana millones de estudiantes americanos. El Pledge of Allegiance (que se podría traducir como Juramento de Fidelidad) es una más de las numerosas muestras de patriotismo cívico de la cultura política americana en las que aparece la palabra Dios o alguna referencia a la divinidad. Estados Unidos es el país del mundo moderno en el que Dios ha tenido y tiene mayor espacio en la vida pública. La invocación a la providencia divina constituye una parte esencial de su imaginario democrático. Esto ayuda a explicar la enorme fuerza del movimiento evangélico o el papel fundamental de los líderes religiosos en todos los ámbitos de la política: desde los reverendos Al Sharpton y Jesse Jackson, candidatos en el pasado a la nominación demócrata, al reverendo Mike Huckabee, ex gobernador de Arkansas que perdió la nominación ante McCain en las primarias republicanas.
Hace un par de semanas dos compañeras de trabajo me mostraron entusiasmadas un cartel de apoyo a Obama en el que aparecía su fotografía junto a la del gran Martin Luther King junior, líder del movimiento por los derechos civiles en los años sesenta. Debajo de la imagen del reverendo King -también él pastor baptista- figuraba la leyenda «I have a dream» («Yo tengo un sueño»), título con el que se conoce el extraordinario discurso que pronunció en la escalinata del monumento a Lincoln tras la histórica Marcha sobre Washington de 1963. En su discurso el doctor King afirmaba: «Yo tengo el sueño de que un día esta nación se levante y haga realidad el auténtico sentido de su credo: que todos los hombres han sido creados iguales. Yo tengo el sueño de que un día en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos puedan sentarse juntos a la mesa de la hermandad. Yo tengo el sueño de que mis hijos puedan vivir un día en una nación en la que no se les juzgue por el color de su piel sino por el contenido de su carácter». El doctor King fue asesinado cinco años después de pronunciar estas palabras y constituye una de las figuras centrales en el martirologio de la democracia americana. En el póster que mencionaba, junto a su fotografía aparecía la de Barack, y bajo ésta la leyenda «I am your dream» («Yo soy tu sueño»). El candidato demócrata venía así a dar cumplimiento a la profecía y se convertía en el mesías político cuyo advenimiento había sido anunciado por el doctor King.
Estoy hablando por supuesto de un mesianismo simbólico, pero no por ello menos poderoso. El lenguaje de la nación es un lenguaje de símbolos que actúa sobre el imaginario y el subconsciente colectivos. Uno de los logros indudables de la campaña de Obama ha sido su destreza para establecer un diálogo histórico entre el pasado y el presente, entre la antigua y la nueva alianza de la nación. Obama representa en el imaginario político americano la culminación de un pacto social de convivencia y respeto -«libertad y justicia para todos»- que no necesita argumentarse políticamente porque tiene la fuerza de una epifanía, una presencia, una revelación. La profecía del doctor King, su sueño, se verifica en la sola existencia de Obama como candidato a la Casa Blanca, genealogía que éste ha contribuido sin duda a reforzar: no por casualidad su discurso de aceptación de la candidatura demócrata tuvo lugar exactamente el día en que se cumplía el 45 aniversario del histórico «I have a dream». Al margen de otras circunstancias concurrentes, la fuerza del simbolismo histórico encarnado en la figura de Obama es a mi juicio la que mejor explica que un completo advenedizo a la escena política nacional, totalmente desconocido hasta entonces y vinculado en sus orígenes a personajes de dudosa reputación, haya sido capaz de sobrevivir y vencer a la maquinaria política de los Clinton en las primarias demócratas y sea en estos momentos el favorito en la carrera presidencial.
El mesianismo simbólico de la candidatura de Obama se ha cimentado sobre la percepción apocalíptica del presente de buena parte de la sociedad americana. Los ataques del 11-S, la guerra de Irak, la muerte en ella de miles de jóvenes soldados, las torturas en Abu Ghraib, las imágenes dantescas de ataques terroristas en otras latitudes (incluidos los del 11-M en España), se han convertido en presagios del final de una era histórica que Obama ha sabido capitalizar por medio de su mística de la renovación. El cambio en el que ha basado su campaña y su «audacia de la esperanza» constituyen un ejemplo más de su diálogo con la narrativa simbólica de la nación y de la historia. Numerosos críticos, incluidos seguidores de Hillary Clinton o el propio Joe Biden, ahora candidato a vicepresidente con Obama pero antes su adversario en la lucha por la nominación demócrata, han señalado la falta de preparación y experiencia de éste, su carencia de proyectos políticos concretos, su desconocimiento de temas fundamentales para ocupar el sillón del Despacho Oval, y sin embargo todas estas acusaciones han rebotado sobre él como balines de goma. Barack Obama es inmune a la dialéctica política convencional porque su discurso, y su existencia misma, apelan a una instancia superior, ulterior, instalada más allá de la banalidad de las peleas políticas al uso. Obama le habla de tú a tú a la Historia. Es, como se ha señalado repetidamente, historia viva, history in the making.
En las últimas semanas las cadenas de televisión y los medios, en general fascinados por la misma narrativa simbólica, han insistido una y otra vez en el carácter especial, único y definitivo de estas elecciones, que definen como «las más importantes de nuestra vida». Desconozco quién será el ganador, aunque me cuento entre quienes consideran que la carrera sigue abierta. Pero con una puntualización: a mi juicio el resultado no depende tanto de lo que hagan o digan los candidatos, cuanto del desarrollo de los acontecimientos hasta el 4 de noviembre y de la percepción por parte de los electores del presente momento histórico. Cuanto más negativa sea esta percepción, mayores opciones de victoria tendrá Obama. A la inversa, cualquier mejora en la situación actual -una recuperación fuerte de la Bolsa, por ejemplo- a favor de McCain. Ante un escenario apocalíptico, los ciudadanos pedirán a gritos la llegada del salvador. Por el contrario, si el presente no necesita redimirse, la Historia prescindirá de su mesías.
Gustavo Nanclares es profesor de Literatura Española en la Universidad de Connecticut.
Fuente:
La Verdad.es
http://www.laverdad.es/murcia/prensa/20081030/opinion/barack-obama-mesianismo-20081030.html














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