viernes, 21 de marzo de 2008

Imágenes: The Hubble Space Telescope

Beautiful Barred Spiral Galaxy
Barred spirals differ from normal spiral galaxies in that the arms of the galaxy do not spiral all the way into the center, but are connected to the two ends of a straight bar of stars containing the nucleus at its center.


Photo by: NASA, ESA, The Hubble Heritage Team

Hubble reveals previously unseen shocks
This new, detailed, Hubble image shows a planetary nebula in the making of a proto-planetary nebula. A dying star (hidden behind dust and gas in the centre of the nebula) has ejected massive amounts of gas.


Photo by: NASA, ESA, Valentin Bujarrabal

Variable Stars in Distant Spiral Galaxy
A NASA ESA Hubble Space Telescope (HST) view of the magnificent spiral galaxy NGC 4603, the most distant galaxy in which a special class of pulsating stars called Cepheid variables have been found. It is associated with the Centaurus cluster, one of the most massive assemblages of galaxies in the nearby universe.


Photo by: Jeffrey Newman, NASA, ESA

Supernova blast bonanza in nearby galaxy
In this new image, taken with the NASA/ESA Hubble Space Telescope, The bubble structure is sculpted by the galactic super-winds and outflows caused by a colossal input of energy from collective supernova explosions that are linked with a massive episode of star birth.


Photo by: NASA, ESA, Peter Anders

Hubble sees galaxies galore
Galaxies, galaxies everywhere - as far as the NASA, ESA Hubble Space Telescope can see. This view of nearly 10,000 galaxies is the deepest visible-light image of the cosmos.


Photo by: NASA, ESA, and S. Beckwith

The magnificent starburst galaxy
This mosaic image of the magnificent starburst galaxy, Messier 82 (M82) is the sharpest wide-angle view ever obtained of M82.


Photo by: NASA, ESA and the Hubble Heritage Team

Remarkable double cluster
Located in the Large Magellanic Cloud, one of our neighbouring dwarf galaxies, this young globular-like star cluster is surrounded by a pattern of filamentary nebulosity that is thought to have been created during supernova blasts.


Photo by: ESA, NASA and Martino Romaniello

Saturn In Natural Colours
This picture, image processing specialists have worked to provide a crisp, extremely accurate view of Saturn, which highlights the planet's pastel colors.


Photo by: NASA, ESA

Majestic Sombrero Galaxy
NASA,ESA Hubble Space Telescope has trained its razor-sharp eye on one of the universe's most stately and photogenic galaxies, the Sombrero galaxy, Messier 104 (M104).


Photo by: NASA, ESA, The Hubble Heritage Team


http://www.galleryofpix.com/imagegallery/23_the-hubble-space-telescope-part-3

Nuevos descubrimientos sobre la astrología de los sumerios


Foto. Tablilla de arcilla mul.apin, una de las dos pequeñas tablillas de arcilla en las que se representa el cielo de dioses estrella de los sumerios, con determinación exacta de ubicación y tiempo (tamaño original: 6 x 8,4 cm).


Esta historia empieza con las tablillas de arcilla babilónica aquí representadas y conocidas con el nombre de mul.apin.

Antes de entrar en detalles, primer debemos definir qué es en realidad la astrología. El “arte de los reyes” o, expresándolo en términos modernos “la psicología más antigua del mundo” se sirve (desde el punto de vista técnico) de los 7 planetas clásicos que se mueven en un cinturón de constelaciones de estrellas (llamado zodíaco). Además, la astrología parte de la base de que entre esas constelaciones celestes y la vida y el destino humano en la Tierra existe una relación que puede entenderse como una analogía o una sincronicidad de procesos entre esos dos mundos.

En todas las culturas que la humanidad ha producido en el curso de su historia siempre ha habido (desde los primeros momentos) un esfuerzo por estudiar y comprender el curso de la Luna. Sin duda, las primeras ideas mágicas y místicas, y los ritos y cultos a la Luna (derivados de ellas) como luz nocturna en constante movimiento, se originaron en los tiempos preculturales. Pero además, la Luna también era un indicador independiente de las variaciones del tiempo. Pues muy pronto existió la necesidad de comprender y poder calcular las idas y venidas cíclicas de las estaciones. Para una floreciente cultura de asentamiento fijo (no-nómada) con sus estructuras sociales y económicas cada vez más especializadas, disponer de un calendario fiable era básico para sobrevivir.

No obstante, esos primeros esfuerzos de diferentes culturas todavía no pueden describirse como astrología. Ni siquiera tampoco cuando algunos pueblos (la cultura prehindú Harpa del valle del Indo o los druidas de Stonehenge) finalmente pudieron comprender el curso del Sol y, de esta forma, pudieron determinar la duración exacta del año y de sus estaciones.

Sin duda, esto fue un paso previo necesario para la posterior aparición de la astrología. Sin embargo, el paso de reconocer los planetas visibles a simple vista e incorporarlos en una “religión de las estrellas” sólo lo dio una cultura. No fueron ni los griegos ni los egipcios ni los chinos ni los hindúes. Con pequeñas adiciones particulares, estas culturas se quedaron en el paso previo y no fue hasta mucho más tarde (500-300 a.C. o más tarde) cuando recibieron la astrología caldea. Tampoco fueron los caldeos ni los babilonios ni los acadios, descendientes de los pueblos semitas de Mesopotamia. Fueron los sumerios , un pueblo no-semita que probablemente llegó a Mesopotamia sobre el 4000 a. C., quienes en el tercer milenio antes de Cristo dieron el paso definitivo, que consistió en descubrir los cinco planetas Saturno, Júpiter, Marte, Venus y Mercurio, y medir y describir su movimiento en el zodíaco. Esto es lo que los últimos descubrimientos científicos demuestran.

La tablilla de arcilla arriba representada es una de las dos de la serie que se conoce con el nombre de mul.apin. En ellas se describen los movimientos del Sol, la Luna y los cinco planetas, y además se representan y describen de forma exacta 33 constelaciones con 66 estrellas individuales. En estas tablas, los doce signos zodiacales reciben el nombre de “el camino de la Luna” y su aparición como primer astro de la mañana está fijada de forma exacta en un calendario solilunar. Estos datos pueden comprobarse actualmente (teniendo en cuenta el desplazamiento precesional).

Las dos tablillas mul.apin fueron descubiertas en Nínive, en la biblioteca del rey babilonio Assurbanipal (período asirio, 669-627 a.C.). Inicialmente fueron (erróneamente) consideradas parte del Enuma Anu Enlil (*), que durante mucho tiempo se catalogó como “el libro de astrología más antiguo del mundo”. Esta serie de tablillas de arcilla es la colección más amplia de observaciones astronómico-astrológicas y reglas de augurios de la época de los comienzos de la astrología. Según expresión del propio Assurbanipal, era la pieza de su colección de la que estaba más orgulloso. Se alegra de haber leído en sus “textos de los tiempos de antes del Diluvio”. Sin embargo, hasta hace poco los expertos (asiriólogos y sumeriólogos) no habían dado crédito a esta afirmación puesto que la mayor parte de los escritos de esta colección procede claramente de los comienzos de la época babilónica (dinastía Hamurapi) del rey Amizaduga (1518-1516 a.C.)

Sin embargo, los últimos desciframientos de la lengua y los textos sumerios ponen de manifiesto que dos de las pequeñas tablillas (justamente, el mul.apin) son copia de un texto sumerio mucho más antiguo, cuyo original se ha encontrado. El original procede del año 2340 a.C. (esto es lo que se desprende de los cálculos realizados por el especialista Werner Papke basándose en los datos incluidos en estos textos sobre los momentos en que se producían las apariciones de 66 estrellas y constelaciones como primer astro de la mañana). Con su minucioso trabajo, Papke ha conseguido reconstruir todo el cielo de estrellas de los sumerios. Gracias a este descubrimiento, hoy conocemos de forma exacta el modelo conceptual astrológico original de los sumerios: la posición de las estrellas en esa época, cómo dividieron el cielo en constelaciones y cómo se interpretaban dentro de su integradora “religión de las estrellas”.

Para hacer una descripción del fascinante modelo del mundo de los sumerios, necesitaríamos más espacio del que tenemos disponible en este artículo. Además, hasta el momento, sólo se ha traducido una pequeña parte de las tablas de arcilla sumerias (en el sótano del British Museum de Londres hay unas 20 000 tablas todavía no traducidas). Sería temerario y absurdo querer ofrecer aquí una visión general definitiva. No obstante, con algunos ejemplos, quiero destacar algo de la imagen visible hasta el momento.

Los sumerios dividían su cielo en tres “caminos” que transcurrían paralelos al ecuador celeste y que daban la vuelta al cielo: el camino de Ea , el camino de Anu y el camino de Enlil . Estos caminos eran las esferas de influencia de tres supradeidades abstractas que jamás se representaban corporalmente: la divina trinidad. Eran las esferas del mundo material (Ea), el mundo humano (Anu) y el mundo divino (Enlil). A través de estas tres bandas serpenteaba “el camino de la Luna” (Charranu), que también era el camino de los planetas: el zodíaco. De esta forma, una parte del zodíaco se encuentra en el camino de Enlil (los signos de verano), una parte en el camino de Anu (signos de primavera y otoño) y una parte en el camino de Ea (los signos de invierno). El mapa estelar adjunto preparado por Werner Papke según el mul.apin muestra esta división para el período de 2340 a.C.




Figura. Mapa estelar según el mul.apin (Werner Papke)

En ese momento de la historia, los sumerios ya conocían el movimiento de desplazamiento precesional de las constelaciones. Las representaciones anteriores siempre hablan de 11 signos zodiacales (todavía falta Libra). En cambio, el mul.apin describe las imágenes de 12 constelaciones y explica claramente que Zibanium (Libra) se construyó a partir de las pinzas del escorpión, para dar al comienzo del otoño su propio signo. Anteriormente, el zodíaco siempre se basaba en dos estrellas: Aldebarán (en Tauro) marcaba el equinoccio (duración del día y de la noche iguales) de primavera y Antares (en Escorpio) determinaba el punto de inicio del otoño. Pero esto sólo es cierto alrededor del 3200 a.C. Probablemente, un poco antes de que se escribiera el mul.apin, se descubrió que el punto de misma duración del día y de la noche se había desplazado hacia el oeste: de Aldebarán a las Pléyades y de Antares hacia las pinzas del escorpión.

Los sumerios vivían de acuerdo con su círculo estelar. A lo largo del año se movían de forma síncrona con el movimiento de los dioses-planeas y de las casas celestes (los signos). Esto daba una determinada actividad y ocupación para cada momento del tiempo. Por ejemplo, la acumulación de estrellas de las Pléyades y las Híades de Tauro, significaban “el poste de la casa nupcial”. Tras su invisibilidad en invierno, en el mes de mayo volvían a aparecer como primer astro de la mañana antes de la salida del Sol en el horizonte este: ¡Tiempo de bodas!

O cuando, un mes antes, la estrella Hamal aparecía por el Ascendente como primer astro de la mañana, era momento de arar y sembrar los campos. Hamal es la estrella más brillante de Aries, que en sumerio es LU.CHUN.GA, que significa trabajador del campo o pastor. Por cierto, al mismo tiempo, ascendía la pequeña constelación Apin (arado) situada en la mitad superior del zodíaco.

Todos los planetas tenían su “casa” (signo domicilio). Destaca el hecho de que Venus (Ischtar) era el único planeta que tenía cuatro casas. Era la diosa-planeta superior y aparecía en cuatro formas distintas: como Schamchat (la prostituta divina) en GU.AN.NA (Tauro), como Shala Shubultum (Virgen con la espiga) en AB.SIN (Virgo), como Ischchara (regente de todos los países) en GIR.TAB (Escorpio) y como Anunitum (madre de LU.CHUN.GA) en ARURU (Piscis). Esto demuestra que la cultura sumeria era matriarcal. Efectivamente, las mujeres eran mayoría en la clase sacerdotal. Este dominio femenino no acabó hasta que el primer rey babilonio Amizudaga (1581-1561 a.C.) nombró oficialmente a Marduk (Júpiter) como dios del estado.

Estos ejemplos son suficientes. también podríamos hablas de la epopeya de Gilgamesh (existe una nueva traducción de los textos originales sumerios). Con una cuidadosa lectura de esta obra se desprende que no sólo es un magnífico trabajo épico-literario sino también algo así como el libro de texto o de interpretación del mul.apin. Éste sí es, verdaderamente, el manual de astrología más antiguo. Pero esto sería una larga historia...

(*) La colección Enuma Anu Enlil contiene, además del mul.apin , una gran cantidad de datos de observaciones de movimientos del Sol (Schamasch) y la Luna (Sin). En la sección dedicada a Venus, no sólo se encuentran unas efemérides de Venus de 20 años sino también una cantidad de observaciones del resto de planetas, con sus ascensos y descensos, y los momentos de conjunción con estrellas fijas. Y todos estos datos tienen añadidos textos de interpretación (un total de más de 7000 textos). Hasta la época moderna, en la literatura astrológica se encuentran citas (en parte literales) de esos antiguos textos, en especial, en las colecciones de aforismos de los siglos XVI y XVII, así como en los textos de astrología horaria y mundana del siglo XX.

Autor: Bruno Huber. Fecha diciembre 1997 (publicado en la revista Astrolog número 101, traducido por Joan Solé y editado en el boletín 37 julio-septiembre 2002).

http://www.escuelahuber.org/articulo13.htm


jueves, 20 de marzo de 2008

Descubren metano y vapor de agua en la atmósfera de un planeta extrasolar

Un equipo astronómico anunció que detectó metano en un planeta fuera del sistema solar, a 63 años luz, alimentando las perspectivas de encontrar eventuales signos de vida en planetas extrasolares.

La atmósfera del planeta HD 189733b contiene metano y vapor de agua, según las conclusiones de este equipo que salen publicadas en la revista científica británica Nature este jueves y que constatan también la sorprendente ausencia de óxido de carbono.

En cualquier caso, lo innovador es haber sido capaz de detectar metano en un planeta tan distante.

Para ello, los astrónomos usaron el telescopio del observatorio espacial Hubble para realizar una espectroscopía infrarroja de la atmósfera del planeta, un mecanismo que permite obtener una muestra de su composición química.

Aunque el metano, una molécula de carbono e hidrógeno, puede en ciertas condiciones jugar un papel decisivo en la creación de condiciones de vida, está totalmente descartado que eso ocurra en HD 189733b.

El planeta, situado en la constelación Vulpecula (del Pequeño Zorro), es uno de esos planetas conocidos como 'Júpiter caliente' cuya superficie está chamuscada -tiene una temperatura de 900 grados centígrados- y donde no puede existir agua líquida.

Algunos estudios precedentes habían pronosticado que la atmósfera del HD 189733b tenía metano y agua, como ocurre con Júpiter. Al final, los datos recogidos por el observatorio espacial Hubble lo confirman.

En cambio, no hay rastro de óxido de cárbono, si bien los astrónomos esperaban encontrarlo en cantidades importantes en las atmósferas de los 'Júpiteres calientes', constató el principal autor del estudio, Mark Swain, del Instituto Tecnológico de California (Caltech) de Pasadena.

http://es.noticias.yahoo.com/afp/20080320/tts-astronomia-planeta-c1b2fc3.html

martes, 18 de marzo de 2008

Los Planetas



La astrología es tan antigua como el ser humano. Desde siempre, cuando necesitábamos respuestas a preguntas sobre la existencia y el porvenir, instintivamente mirábamos al cielo, como si su configuración luminosa fuera un mapa que codifica el mensaje que requeríamos. Sin embargo, las pruebas escritas que tenemos sobre deducciones astrológicas se remontan a, como mucho, hace 5000 años más o menos. Parece ser que la cuna de la astrología en Europa es la cultura sumeria. Parece lógica la división, heredada de los sumerios, entre las constelaciones de estrellas y todo lo demás. En el grupo de “todo lo demás” incluyo el Sol (que desde el punto de vista de la Tierra no forma parte de ninguna constelación), la Luna (que es un satélite), los planetas, los asteroides y algunas estrellas concretas (como Aldebarán, Rigel, Spica, Vega o Polar) que por su situación y brillo siempre han tenido más importancia (indistintamente de si ya forman parte de una constelación o no). Es importante esta idea porque proviene de una observación puramente solar. En otras palabras, la interpretación astrológica sumeria (y por ende la nuestra) depende de los astros que viajan por el mismo “camino” que hace el Sol: la Eclíptica; de ahí que tome importancia el zodíaco.

Esto nos distingue de, por ejemplo, la astrología china, fundamentada en lo lunar y que, por consiguiente, tiene un zodíaco distinto y dividido en 28 sectores; eso sí: es de una gran sutileza y de una complicación extremada, como todo lo que suelen hacer los chinos, hasta el punto que en el pasado el pueblo no recibía su difusión y quedaba limitada por la comprensión de los iniciados.

En nuestra astrología, a pesar del análisis científico y sus definiciones, todo lo que no son constelaciones ni estrellas queda englobado bajo el nombre de “planetas”. La excepción es el Sol, que también será un planeta para nosotros, los astrólogos, aunque nos suene raro. Esta simplificación trae consigo una pequeña complicación: cualquier cuerpo celeste que actúe de forma independiente y viaje por nuestro zodíaco será susceptible de ser utilizado en astrología. Si consideramos que actualmente se conocen miles de asteroides y algunos planetoides que cumplen este requisito se hace imposible hacer una interpretación completa de una carta astral. Por este motivo me ceñiré, en lo posible, a lo tradicional, aunque veremos, cuando tratemos los signos del zodíaco más adelante, que a veces puede resultar una información incompleta.

Los Planetas

Los planetas tradicionales son siete: Sol, Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y Saturno. Son los más visibles sin necesidad de instrumentos ópticos. A pesar de que nos resulta común hablar de Neptuno, Urano y Plutón, considero importante recalcar que se trata de descubrimientos recientes: Urano, en 1781 por Herschell; Neptuno, en 1846 por Le Verrier; Plutón, hallado matemáticamente en 1910 por Percival Lowell, y astronómicamente en 1930 por Clyde Tombaugh.

Me parece interesante echar una ojeada a los símbolos de los siete planetas tradicionales y mostrar que cinco de ellos provienen de la combinación de los otros dos, los luminares, junto con el símbolo de la Tierra. Observad:





A continuación veremos el significado que esto encierra. Su disposición no es casual. Por instinto, lo primero que nos suele preocupar es nuestra posición en el mundo en el que vivimos (la Tierra). Luego nos preguntamos acerca de nosotros mismos, interiorizamos, y descubrimos los rasgos personales, así como lo que nos guía interiormente. Más tarde investigamos acerca de nuestra relación con el exterior, y el intercambio que procede de esta interacción. El siguiente paso es nuestra relación con las demás personas, de tú a tú, sobretodo como vehículo para manifestar lo que deseamos o para conquistar nuestros anhelos (del contacto con la gente siempre obtenemos algo, y siempre damos algo a cambio). Y más tarde nos preocupa nuestra relación con el entorno y la sociedad en la que vivimos. Después de este viaje, tal vez nos preguntemos acerca de lo que hay más allá de lo social y de lo meramente visible y palpable... si creemos que existe. Pues bien, los planetas se asocian a cada fase de este despertar, y su simbología nos ayudará a comprobarlo:

· La Tierra es el punto de origen de nuestro camino al autoconocimiento. En ella confluyen todas las fuerzas cósmicas y las telúricas, el entorno y el centro de orden material. En ella nos manifestamos en todas direcciones. Por todo eso, su símbolo es una cruz.

· Las luminarias, que son el Sol y la Luna, trata la personalidad y la guía interna. Son las luces que nos invitan a expresarnos y a movernos para iniciar el camino. En el Sol, el punto dentro del círculo representa al Alma como parte íntegra de la divinidad, o al Espíritu como chispa divina y fuerza primera activa. La Luna realmente es un círculo, pero con una parte de éste vuelta hacia el interior, y de ahí sabemos que tiene que ver con el interior y lo receptivo, con el aspecto femenino de lo divino, y puede representar al cuerpo, a la mente y al corazón, como receptáculos de la fuerza activa que emana del Alma (y del Espíritu).

· Mercurio trata la interacción de nuestro mundo interior con lo de fuera. Aquí vemos que su símbolo recoge las tres figuras, simbolizando que el Yo (el Sol) hace de nexo entre el mundo (la Tierra) y lo que sentimos y pensamos (la Luna). Por eso recibe el nombre de planeta regulador de la experiencia.

· Venus y Marte tratan nuestra relación con los demás. Vemos que el símbolo de Marte tiene de base la fuente de la vida (el Sol) que se manifiesta sobre la Tierra, y por eso es un planeta de energía y vitalidad. Venus está simbolizado por las sensaciones del mundo terrenal como base actuando sobre el Yo y la Vida (el Sol), por eso es un planeta de sensibilidad y belleza.

· Júpiter y Saturno son los planetas de la interacción social. El símbolo de Júpiter representa la manifestación material (la Tierra) de lo que hay en nuestra mente y nuestro corazón (la Luna), por eso es un planeta de materialización, logro, éxito, alegría y jovialidad. Saturno, en cambio, está representado por el orden material (la Tierra) pisando las emociones y las pasiones (la Luna), y por eso es un planeta más bien frío, serio, controlador, calculador y represivo.

· Los planetas no tradicionales, como Urano, Neptuno y Plutón, se llaman planetas transpersonales, porque nos hablan de lo que hay más allá de nuestra visión social y material, y de nuestra relación con el cosmos y con la fuente primera de energía de vida.

Me basaré en este orden planetario para describir, uno a uno, el significado de cada planeta.

Las luminarias: planetas de la personalidad

El Sol

Representa, en esencia, la luz interior, la fuente de la Vida, y el Alma. Es el centro. Es la individualidad y la personalidad consciente que uno tiene de sí mismo, así como su expansión del Ser. En una carta natal, el signo por el que pasa el Sol es nuestro signo. En una carta astral cualquiera, podría representar al padre y al marido, pero también la guía interna con la que podemos conectar. Un Sol en Escorpio, pues, habla de transformaciones y nos da mensajes de regeneración (que es por lo que pasamos la mayoría, por no decir todos, en esa época del año que nace en la última semana de Octubre y contiene gran parte de Noviembre). El Sol, por lo tanto, nos da conciencia del flujo de las cosas y del Presente.

Sus virtudes son: serenidad, ilusión, amor, vida, virilidad, orgullo, esencia, Verdad, poder, honor, nobleza, lealtad, sinceridad, honradez, autoridad, madurez, confianza, entusiasmo, protección, sanación e iluminación.

Mal aspectado manifiesta: envidia, hipocresía, arrogancia, soberbia, despotismo, tiranía, vanidad, orgullo, dramatismo y teatralidad (protagonismo).

El Sol cambia de signo cada 30 días.

Rige el corazón y la vista.

La Luna

Representa el principio femenino. Es lo subconsciente, lo emocional y lo receptivo. Hace referencia a las raíces, la infancia, el hogar, la familia y, en concreto, a la madre y a la esposa. Toma conciencia del pasado. Refleja el mundo de lo indefinido, inconcreto y mutable. Da paso a los sueños, las imágenes reprimidas, las sensaciones, las pasiones, lo intuitivo, lo irracional, así como la fantasía, la imaginación y la creatividad. Recoge experiencia sensorial tal y como viene, sin intervenir la mente para nada.

Sus virtudes son: protección, alimento, imaginación, sueños, espíritu abierto y soñador, receptividad, amor incondicional, ternura, sensibilidad, perdón, sabiduría, fertilidad, contemplación, arte, cuidado de uno mismo (autoestima).

Mal aspectado manifiesta: susceptibilidad, indecisión, remordimientos, neurosis, dependencia, sobreprotección y posesión (acaparar).

Tarda aproximadamente 28 días en dar la vuelta a la Tierra, así que cambia de signo más o menos cada dos días y medio.

Rige el sistema digestivo, el sistema linfático y la matriz.

Planeta regulador de la experiencia

Mercurio

Es el nexo entre nuestra esencia y el mundo. Se encarga del intercambio de información, así como de la asimilación y ordenación de las experiencias. Por todo ello, representa el intelecto, el habla, la percepción, la locuacidad y la elocuencia, y las ideas. Conecta nuestra mente y pensamientos con nuestro corazón y emociones. Es, por tanto, un gran mediador. Rige también las habilidades manuales y psicomotrices. En un tema natal hace referencia a los hermanos (concretamente los menores), a los amigos más cercanos y a los viajes cortos. Si nos basamos en la mitología grecorromana, Mercurio (Hermes) era muy travieso antes de madurar y convertirse en mensajero, y por lo tanto podemos decir que el planeta hace referencia a la etapa de la adolescencia.

Sus virtudes son: facilidad de aprendizaje, rapidez mental, expresión y expresividad, adaptabilidad, socialización, diálogo interior, realidad concreta, canalización, pensamiento práctico, comercio y astucia.

Debido a que siempre está cerca del Sol (no suele separarse de él más de 28º) no suele estar mal aspectado. Sin embargo, si estuviera demasiado cerca del Sol (menos de 3º) se le considera “combusto” y manifiesta: inquietud, inestabilidad, crisis nerviosa, decepción, malas intenciones, mentiras, calumnias, hipocresía, charlatanería, desconexión de uno mismo, maremoto psíquico...

Da la vuelta al Sol en 88 días, y cambia de signo más o menos cada mes, como el Sol, y por eso lo vemos siempre cerca de él.

Rige el sistema nervioso, las facultades mentales, la garganta, la respiración, los brazos y las manos, y la coordinación del sistema motriz.

Planetas de la interacción personal

En realidad, Venus y Marte son los planetas del deseo. Manifiestan cómo perseguimos lo que deseamos, cómo lo percibimos y, mediante eso, cómo queremos que nos quieran y cómo queremos a los demás. Es un hecho que mediante la interacción con las personas establecemos un intercambio, ya sea de información, afectivo, o de cualquier otra naturaleza. Por lo tanto, hay un sentido más profundo en esa interacción entre individuos que abarca mucho más que la interacción en sí.

Venus

Representa todo lo que es bello y deseable. Nos enseña a encontrar la paz, el bienestar y la satisfacción. Muestra lo mejor y más agradable de nosotros y abre el camino del hedonismo. Simboliza, evidentemente, el atractivo personal, pero también se encuentran entre sus virtudes: la capacidad artística, la armonía, la delicadeza, la estética, el amor consciente (que, en este caso, puede ser condicionado), relacionarse desde la sensibilidad, sensualidad, la juventud y la sociabilidad.

Mal aspectado manifiesta: pereza, envidia, manipulación por dinero o bienes materiales (lujuria) y posesión, relegando los valores éticos a una dudosa posición.

Puede representar, en una carta astral, a las amantes o las hermanas.

Da la vuelta al Sol en 243 días, permaneciendo en cada signo más o menos 22 días.

Rige la garganta, junto a mercurio, sobretodo la tiroides, pero además, rige los riñones, los ovarios, el páncreas, el sexo externo femenino y la piel y el tacto.

Marte

Es la representación del deseo en sí mismo. Muestra cómo perseguimos nuestras metas. Es directo, a veces cortante, y simple. Sabemos que se asocia al dios de la guerra, así que nos indica cómo enfrentarse a los distintos ámbitos de la vida, generalmente con entusiasmo y vitalidad. En la carta natal puede representar a los amantes y al hermano primogénito.

Marte aporta: energía, acción vital, sexualidad, valor, ánimo, coraje, fuerza creadora, entusiasmo, deporte, moral y honor.

Mal aspectado manifiesta: ira, rudeza, incomprensión, insensibilidad, ambición desmedida, impulsividad, irracionalidad, imprudencia y negligencia. En la salud puede producir fiebres, inflamaciones y alta presión arterial.

Da la vuelta al Sol en 685 días, por lo que se está en cada signo casi dos meses.

Rige la sangre, los músculos, los órganos sexuales masculinos, y se encarga de la maduración del individuo, tanto física como psicológicamente.

Planetas de la interacción social

Júpiter

Es el planeta de la hermandad. Rompe los límites de lo individual y expande los horizontes personales en todos los planos. Dicha expansión lleva a buscar el conocimiento superior y recuerda que todos los seres humanos somos hermanos y la unión hace la fuerza. Por ello, este planeta se encarga de la filosofía, la religión y la ética. Se ocupa también del bienestar común, que siempre aporta serena alegría. Debido a su expansión se le considera también como el planeta de los mundos lejanos y los grandes viajes. A pesar de ser un planeta que expande horizontes, es social, así que seguirá las tradiciones sociales. La diferencia es que admite lo nuevo.

Sus virtudes son: expansión, felicidad, gloria, despreocupación, beneficio común (del grupo), fe, fortuna, crecimiento, expresión, honestidad, compartir, legalidad, riqueza, éxito social, honor, liberalidad, generosidad, juicio, autoridad, sinceridad, jovialidad, virtud, respeto, serenidad y sabiduría de la vida.

Mal aspectado muestra: ludopatía, arrogancia, burguesía, excesos, dogmatismo, riesgo, orgullo, falta de respeto, hipocresía, exageración, vagancia, libertinaje y vida fácil a costa de los demás.

Da la vuelta al Sol en 12 años, así que se está cada año en un signo diferente.

Rige el hígado, la vesícula biliar y las grasas.

Saturno

Es el planeta de las normas sociales. Pone límites, obligaciones, jerarquía, control y organización. Procura mantener un estatus y dicta unas leyes. Saturno es la conciencia del Miedo, no percibe la experiencia de la vida sin agotamiento, dolor o sufrimiento. Induce timidez. Es práctico, pero incapaz e impotente. Su influencia nos pone delante no sólo de los límites sociales, sino también de los personales, aquello que tenemos reprimido, aquello a lo que le tenemos miedo, consciente o no. Al mismo tiempo, recuerda las experiencias más desagradables y nuestro lado oscuro, para darnos la oportunidad de reconocerlo y hacernos más fuertes. Por ello, es la representación del Morador en el Umbral. Saturno simboliza también la experiencia acumulada con el paso del tiempo, por eso se asocia a la vejez, al tiempo, y a las consecuencias de los actos del pasado (Karma), así como a las lecciones de la vida.

Sus virtudes son: prudencia, reflexión, solidez, erudición, celibato, método, ciencia, circunspección, perseverancia, paciencia, sentido del deber, meditación, exactitud, responsabilidad y determinación.

Mal aspectado manifiesta: fracaso, renuncia, demora, desventura, enfermedad, sobriedad, reserva, timidez, avaricia, pesimismo, egoísmo, frialdad, tristeza, soledad, obstrucción, bloqueos emocionales, inhibición, restricción y miedo.

Da la vuelta al Sol en 29 años, y pasa por cada signo cada dos años y medio. Cada 29 años desde la fecha de nuestro nacimiento, como Saturno regresa a su posición original de nuestra carta natal, vienen momentos intensos de reflexión, de mirar atrás y valorar lo que se ha hecho, de corregir errores y de seguir adelante con más madurez.

Rige los huesos, las articulaciones (especialmente las rodillas, sede de la esperanza), tendones, ligamentos, cartílagos, dientes, los minerales y la piel.

Planetas transpersonales

Actualmente se usan en una carta astral de forma cotidiana y “normal” los siguientes tres planetas transpersonales: Urano, Neptuno y Plutón. Puesto que aparentemente no forman parte de la antigua tradición cabe preguntarse si merecen crédito en el momento de su uso astrológico. Sobretodo en el caso de Plutón, pues este planetoide no viaje alrededor del Sol en el mismo plano en que lo hacen los demás planetas, sino que está desviado en cierto ángulo. Eso significa que Plutón se desvía algunos grados de la Eclíptica y por ello quedaría fuera de las influencias del zodíaco. Como las apariencias son sólo eso, apariencias, y a menudo engañan, voy a dar paso a estos tres grandes planetas que inducen a echar una ojeada más allá del encasillamiento social. Como apunte, decir que rara vez un planeta transpersonal marca la personalidad del individuo, a menos que esté aspectado con las luminarias o con el Ascendente o el Medio Cielo. A partir de aquí se trata más bien el inconsciente colectivo y la evolución global.

Urano

Representa la mente divina, la conciencia cósmica y universal, y la sabiduría desconocida e ilimitada. Es la figura de los ideales humanitarios más elevados y espirituales. Para alcanzar estos niveles superiores, Urano habla de la necesidad del desarraigo de lo tradicional, de desapego. Por lo tanto, es el planeta que da paso a lo nuevo, a los cambios, a las sorpresas, a los imprevistos, al progreso, al idealismo y a la libertad de cadenas, de prejuicios, de condiciones y de ataduras. Es el desarrollo más allá de las fronteras psíquicas y físicas hacia una nueva dimensión y realidad.

Sus cualidades son: originalidad, cambios repentinos e inesperados, impredecibilidad, novedad, ideal, Verdad, justicia, libertad, fraternidad, amistad, autenticidad, igualdad, progreso colectivo, intuición y genialidad, invención, preocupación espiritual humanitaria, independencia, sinceridad y creatividad.

Mal aspectado manifiesta: excentricidad, rebelión, descontrol, contradicción, neurosis, violencia, deshumanización, indecisión, extremismo y fanatismo.

Tarda 84 años en dar la vuelta al Sol. Está 7 años por signo. Hacia la mitad de su ciclo, los 42 años, nos puede provocar una época de crisis personales profundas que, habitualmente, abre nuevas oportunidades.

Rige el sistema eléctrico corporal, las piernas y los tobillos.

Neptuno

Es el planeta de la Unidad mística y la conciencia colectiva. Tiene un intenso poder de disolución. Disuelve el ego, los límites personales de todo tipo, y cualquier tipo de cascarón, pues su finalidad es que cada ser humano se funda con los demás formando una sola identidad, compartiendo un mismo sentimiento. Como el ego nunca quiere ser disuelto, la energía de Neptuno tiende a reprimirse. La meta más elevada de Neptuno es la Unidad espiritual con el resto de la Creación. Por eso es el planeta de lo místico, lo religioso y lo espiritual (se trata de una o de varias octavas superior al mensaje de Júpiter en cuanto a lo espiritual se refiere). Su mundo es, como con la Luna, el mundo de los sueños, la fantasía, la imaginación y lo subconsciente.

Sus virtudes son: meditación, fe, creatividad artística, devoción, espiritualidad, intuición, ilusión, sensibilidad, misticismo, divinidad, genialidad, facultades psíquicas, mediumnidad, imaginación, inspiración, sueños, sanación y compasión.

Mal aspectado manifiesta: confusión, hipersensibilidad, fraude, quimera, evasión, apego, irresponsabilidad, depravación, lujuria, toxicomanía, vicio, miedos, pesadillas, presentimientos siniestros y autoindulgencia. En el campo de la salud puede indicar contaminación, infección o algún desastre ligado a los líquidos.

Da la vuelta al Sol en 165 años, por lo que se está en cada signo casi 14 años.

Rige los pies, la médula espinal y la hipófisis.

Plutón

Es el planeta de la fuerza de la vida por la vida y de la transmutación. Habla de las profundidades de nuestras tinieblas interiores, nuestro propio mundo subterráneo, que llegan hasta la noche original del Alma. Nos conecta con la esencia de vida y con aquello de nosotros que es más poderoso pero al mismo tiempo ingobernable, esa energía única oculta e ignorada que se desata involuntariamente en los grandes momentos de conmoción y que traspasa todos los límites para lograr la supervivencia. Provocará cambios bruscos y la muerte de nuestro Yo para propiciar la regeneración y la conexión con lo más íntimo de nuestro Ser. Siempre actúa desde lo invisible y sus efectos son traumáticos. Como Urano, su destrucción es para dar paso a lo nuevo, una muerte para un nuevo nacimiento. Invita a explotar todo cuanto hay en nosotros mismos, aunque puede acarrear un gasto energético considerable y puede llevar a la autodestrucción. La energía de vida, de muerte, de transformación y de lo oculto que se deriva de Plutón es la misma energía que opera en un acto de creación y también en el sexo, y por ello la sexualidad (que nos hace pasar por una pequeña muerte momentánea de nuestro Yo para dar paso a una unidad mayor; es también un acto espiritual profundo para conectar con uno mismo y con la conciencia divina) queda bajo el amparo de este planeta. Es también el planeta de las pasiones profundas y más básicas.

Sus virtudes son: independencia, dominio de fuerzas naturales, espíritu investigador, vanguardia, valentía, autocontrol, sentido de riesgo, evolución, psicología, transformación, transmutación, regeneración, renovación, deseo de vida y supervivencia.

Mal aspectado presenta: brutalidad, rebeldía, vandalismo, destrucción, instigación e histrionismo.

Da la vuelta al Sol en 250 años, está por cada signo (o en las proximidades) alrededor de los 18 años.

Rige el sistema reproductor, el excretor y la próstata.

Los aspectos astrológicos

Como dijimos en la introducción, los aspectos son las “relaciones geométricas que existen entre dos elementos de una carta astral”, sus separaciones angulares contadas en grados sobre la Eclíptica. Son importantes porque en la interpretación de un tema astrológico no basta con tratar el carácter individual de cada elemento. De hecho, alcanza gran relevancia la relación de cada elemento con el resto del tema, pues la interrelación a menudo varía el resultado final de la interpretación. Es esencial tener en cuenta que todo está interconectado y todo influye o afecta a todo.

En este capítulo, como sólo tenemos la información sobre los planetas, no podremos hacer otra cosa que deducir si la relación entre ellos será positiva, negativa, decisiva, si se anulan entre ellos... Pero me pareció importante introducir los aspectos ahora, pues hacerlo más adelante, con toda la información aprendida, habría resultado un caos, y así ahora tenemos la oportunidad de acostumbrarnos y asimilarlos gradualmente. Cuando sepamos a fondo sobre los signos zodiacales veremos que ya podremos dar mucho contenido interpretativo. Y con las casas, ya no habrá quien nos frene.

De las infinitas posibilidades de relación geométrica sólo se consideran ciertas distancias angulares privilegiadas que llamaremos Aspectos Mayores. Serán los que tengan mayor relevancia. Existen algunos aspectos con mínima influencia, a los que llamaremos Aspectos Menores. Primero dispondré aquí un cuadro esquemático que nos permitirá una presentación de los aspectos, con el símbolo astrológico al lado de cada nombre. Después procederemos a verlos uno a uno. Es útil darse cuenta que en una representación gráfica los aspectos armónicos se dibujan con líneas naturales de un color claro, generalmente verde, y que los aspectos desarmónicos se dibujen con líneas punteadas de un color oscuro o caliente, como el rojo.






Conjunción

Se da cuando “coinciden” dos elementos en un mismo grado del zodíaco. Su separación es, lógicamente, de 0º. El efecto de una conjunción es variable, depende de la relación íntima entre los elementos, que pueden ser entre sí armónicos o disonantes. Sin embargo, se caracteriza porque siempre es una relación intensa. Por ejemplo: una conjunción Sol-Venus será armónica, pero al ser una relación intensa resultará mucho más benéfica de lo usual; una conjunción Sol-Saturno sería disonante, pero al ser una relación intensa será más desarmónico de lo usual.

En este punto, creo necesario hacer reflexionar sobre el carácter benéfico de cada planeta. Normalmente, se consideran a Saturno y a Plutón como los más disonantes o maléficos, sobretodo el primero. Plutón, a pesar de todo, puede ofrecer una relación de liberación, resultando benéfico. Marte es generalmente benéfico, pero muy activo puede resultar agresivo y violento. Neptuno es benéfico pero una relación con él puede derivar en confusión y en dejar de tener los pies en la tierra. Júpiter es el gran benéfico. Por lo general, el Sol y Venus son los siguientes más benéficos. Y la Luna también es benéfica, pero le sucede un poco como a Neptuno. Urano suele ser benéfico pero puede manifestar violencia e imprevisibilidad en los sucesos, y muchas idas de olla, según con quién forme aspecto. En cuanto a Mercurio, es neutro, pero matizará con su personalidad las cualidades de los otros planetas con quienes forme aspecto.

Trígono

Es la mayor relación de armonía. Se da por una separación entre planetas de 120º. Desata las mejores cualidades de cada planeta en aspecto, lo más positivo y lo más beneficioso. Visualmente, en la carta vemos cómo los planetas en trígono están en signos del mismo elemento (querría puntualizar aquí que mencionaré formas en que se dividen los signos del zodíaco; no os preocupéis si no sabéis qué es cada cosa, se explicará con detalle en la próxima entrega sobre astrología), que se disponen como si fuera un triángulo.

Sextil

Es la siguiente relación armónica. Se da por una separación de 60º. No es tan favorable como el trígono pero, ante planetas de naturaleza más disonante, consigue aplacar sus efectos negativos a pesar de que no mostrará ni expandirá las virtudes de dicho planeta disonante como haría el trígono. Indica la oportunidad de crecer hacia la armonía con el efecto de ambos planetas. Visualmente distinguimos esos planetas en signos consecutivos de la misma dualidad electromagnética, dispuestos como si fueran una arista de un hexágono.

Aspecto Menor – Semisextil

Su influencia es muy débil, pero armónica. Se da por una separación de 30º. No suele tenerse en cuenta pues apenas afecta sobre la vida de un individuo. Por eso forma parte de la catalogación de aspecto menor. Ambos planetas, aquí, tienen poco peso. Es favorable para aplacar características negativas de los planetas, pero no desarrollan (y es casi imperceptible) sus virtudes, ni siquiera las de un planeta benéfico (a menos que sea muy benéfico y esté aspectado con una luminaria).

Oposición

Es la mayor relación de desarmonía. Se da por una separación de 180º. Aumenta las cualidades negativas y agresivas de los planetas, no permite que asome ninguna virtud. Indica que hay que realizar un balance, un equilibrio, entre lo que manifiesta cada planeta. Visualmente, en la carta ambos planetas se sitúan diametralmente opuestos.

Cuadratura

Es la siguiente relación de desarmonía. Se da por una separación de 90º. Aunque es una relación disonante, a menos que sea un aspecto con un planeta potencialmente negativo, un planeta benéfico puede menguar las cualidades negativas de la disonancia, dejando entrever algo de su armonía. Si se da entre planetas benéficos, podría presentar sólo una leve desarmonía fácil de superar. Indica la necesidad de compensar y complementar aquello que manifiesta cada planeta, una adaptación. Es más flexible que la oposición. Visualmente, los planetas se encuentran en signos de la misma naturaleza dinámica, que se disponen como si formaran un cuadrado.

Aspecto Menor – Semicuadratura

Como sucedía con el Semisextil, su influencia es débil. Se da por una separación de 45º entre los planetas. No permitirá el desarrollo de las cualidades positivas planetarias, pero no tiene fuerza para destacar las negativas, así que prácticamente quedan compensados ambos elementos. Tampoco suele tenerse en cuenta en astrología, porque al ser un Aspecto Menor poco hace sobre el individuo, a menos que se trate de un aspecto entre un planeta potencialmente maléfico y una luminaria.

Quincuncio

También se llama Inconjunción. Se da por una separación de 150º. Es una relación que, como con la conjunción, depende de la naturaleza íntima de los planetas que estamos aspectando, así que su efecto es variable. A veces, puede parecer una relación de desarmonía porque su principal característica es provocar miedos o baches, con efectos inevitables, que obligan a tomar decisiones. Si estamos relacionando dos planetas benéficos puede que estemos tratando la buena suerte del nativo de dicho tema natal o la ausencia (en el mejor de los casos) de baches en el camino. Esta relación rozaría el Karma de una persona. A pesar de ser un aspecto peculiar, es desconocido para muchos y la mayoría no suele usarlo. En ningún caso se puede considerar un aspecto menor, porque sus efectos no son, para nada, débiles.

Existen muchos otros aspectos menores, como la sesquicuadratura, el quintil, el semiquintil, el septil, el novil, etc. Sin embargo, apenas son usados en el día a día, y la mayor información la dan los aspectos antes mencionados.

Las órbitas

Es raro que los planetas cumplan exactamente las distancias angulares indicadas en la teoría, por lo que se admite una tolerancia, algunos grados de desviación de los planetas. Esta tolerancia se llama Orbe u Órbita. Debido a esto, si el Sol y Júpiter están separados por 3º, podremos decir que igualmente están conjuntos, aunque no estén perfectamente solapados. Las órbitas para cada aspecto son las siguientes:

Conjunción

7º

Trígono

7º

Sextil

5º-6º

Oposición

9º

Cuadratura

7º

Semisextil

2º-3º

Semicuadratura

2º-3º

Quincuncio

2º-3º

Eso significa que, por ejemplo, un sextil se puede dar aunque los planetas estén separados por 5 ó 6 grados más o por 5 ó 6 grados menos (desde los 55º hasta los 65º aproximadamente).

Esas órbitas son un límite máximo. Es difícil que un aspecto de trígono entre dos planetas con una tolerancia de 7º se manifieste con toda su intensidad, se dará con mayor efectividad con una tolerancia de 5º. La excepción es si el aspecto se da con alguna luminaria, pues su fuerza es mayor que la de los otros planetas, y sí producirán una intensidad máxima aunque el aspecto esté en el límite de su orbe.

Con la información de los planetas y sus aspectos ya podemos empezar a ver una carta astral con otros ojos. Sugiero que practiquéis con los aspectos que aparecen en la carta de prueba que dispuse en el capítulo introductorio. Luego os podéis aventurar a analizar los aspectos de vuestra propia carta natal. Se puede sacar mucho jugo sólo viendo los aspectos.

Fuente:

http://xaviergf.iespana.es/blog/Cursos/Astrologia/planetas.htm

Urano. Las crisis uranianas


URANO
Las crisis uranianas

Howard Sasportas
“Los dioses del cambio”

¿Hacia dónde te encaminas?
Muchos miles de años se necesitan para despertar,
Pero ¿te despertarás por compasión?

Chistopher Fry

Parece como si las ideas eligiesen el momento en que han de nacer. El astrónomo francés Pierre Lamonnier (1715-1799) había avistado a Urano al menos en doce ocasiones diferentes, y sin embargo jamás sospechó que esa diminuta luz vacilante pudiera ser un planeta. Quizá se le hacía imposible concebir que la pulcra disposición del sistema solar, con sus siete cuerpos celestes que giran alrededor del Sol, pudiera ser de ninguna otra manera. Mal podía saber que el descalabro de los sistemas existentes era precisamente lo que llegaría a simbolizar Urano. El descubrimiento concreto de este planeta se atribuye a William Hershel (1738-1822), que el 26 de abril de 1781 comunicó su descubrimiento a la Real Sociedad de Astrónomos. Y es bien propio de Urano –el planeta asociado con la excentricidad y la sorpresa- que su descubridor no fuera, en su momento, un astrónomo profesional, sino un músico que por afición se había dedicado a mirar las estrellas.

Urano está dos veces más lejos del Sol que Saturno, y reconocerlo en su condición de planeta significó duplicar la extensión del sistema solar. La existencia de Urano. Además, dio cuenta de ciertas excentricidades inexplicables en las órbitas de los planetas conocidos, un misterio que desde hace algún tiempo intrigaba a los astrónomos.

Desde el comienzo mismo, Urano se dedicó a romper las reglas, con poca consideración por el esquema cosmológico tradicional. Y, tal como lo pide la sincronicidad, planeó con sagacidad su entrada en escena, de modo tal que coincidiera con tres importantes revoluciones sociales encaminadas también a perturbar el orden de las cosas. Tanto en la revolución francesa como en la norteamericana, los oprimidos se levantaron para desafiar el status quo y la autoridad existente. Y con Urano se produjo también el advenimiento de la revolución industrial: la aparición de nuevos e importantes avances científicos, tecnológicos y en el campo de las comunicaciones, que habrían de alterar en forma drástica el diseño de la vida sobre la Tierra.

En un nivel personal, un tránsito de Urano se asocia con el cambio y la ruptura, y con una fase en nuestra vida en que algo nuevo –algo “excéntrico”- necesita irrumpir en la conciencia. Son momentos para ser curioso y para experimentar, períodos en que se pueden intentar cosas nuevas y en que hay riesgos que correr. En ocasiones optamos conscientemente por hacer esos cambios; otras veces nos parece que nos fueran impuestos por acontecimientos externos. En todo caso, Urano se empeña en ponernos en contacto con partes inexploradas de nuestra naturaleza. Allí donde, en aras de la seguridad, nos hemos anquilosado en nuestra manera de ser, Urano nos avisa que estamos preparados para emanciparnos de las rutinas y las pautas que son demasiado rígidas o nos limitan en exceso. Nos guste o no, Urano es el despertador que nos arranca bruscamente de nuestro sueño y nos hace abrir los ojos a un nuevo día. Algunas personas saltan del lecho, ansiosas de embarcarse en aquello que las espera; otras vuelven a taparse la cabeza con las sábanas y no quieren enterarse de nada.

Urano en la mitología

No es mucho lo que se nos dice sobre Urano en la mitología, pero el mito principal referente a esta deidad nos ayuda a aclarar el significado de los tránsitos del planeta. En la mitología griega, a Urano le tocó un papel clave en la saga de la creación. En el comienzo era el Caos, del cual nació Gaia (o Gea), la Tierra Madre. Después, Gaia dio a luz a Urano, que aunque fuera su hijo, se convirtió también en su pareja y amante. Gaia tenía el control de la Tierra, en tanto que Urano, el primer dios del cielo, regía los cielos estrellados y el vasto espacio ilimitado. Ya podemos ver que Urano no era un principio terrestre: estaba casado con uno, pero él, personalmente, estaba asociado con el aéreo ámbito de las visiones y los ideales, no con los aspectos prácticos y mundanales de la existencia cotidiana. Noche tras noche, los cielos estrellados (Urano) descendían a yacer sobre la Tierra (Gaia), y como resultado, ambos produjeron un surtido de hijos bastante estrafalario. Primero fueron los Titanes, una raza de gigantes de los que se cree que fueron los progenitores de la raza humana. Después vinieron los Cíclopes y otros monstruos diversos, algunos con un centenar de brazos y cincuenta cabezas.

A Urano no le complacían mucho los hijos que engendraba; los encontraba feos, toscos y deformes, en nada semejantes a lo que el había soñado para su progenie. En vez de admitirlos en la existencia, volvía a meterlos uno por uno en el vientre de Gaia, una manera poética de expresar que los desterraba al submundo del inconsciente y les vedaba toda expresión vital (lo mismo que hacemos todos con las partes de nosotros mismos que no nos gustan).

En su mente, Urano tenía una imagen o visión ideal de cómo debían ser sus hijos, pero una vez que nacían, no estaban a la altura de sus expectativas. De modo similar, cuando las personas que nacen con un elemento uraniano fuerte en su carta intentan convertir una visión en una realidad concreta, es frecuente que el resultado los decepcione. Quizá tengan, por ejemplo, una imagen de lo que sería su relación ideal, pero cuando consiguen establecer una unión, la realidad está muy lejos de sus esperanzas. No se sabe por qué, la relación no concuerda con el concepto que tenían en su mente, de modo que la destruyen y vuelven a emprender la búsqueda continua de una que satisfaga su ideal. O bien la persona uraniana puede idear un sistema político perfecto, que sin embargo cuando lo lleva a la práctica no le funciona, de modo que lo abandona para orientarse hacia otro. Los tipos fuertemente uranianos dejan tras de sí una estela de proyectos a medio terminar, y a veces se da una situación paralela cuando Urano transita por nuestra carta: nos sentimos descontentos e inquietos con los asuntos de la casa o de la esfera de la vida que en ese momento está afectado por Urano. Queremos alterar o reorganizar ese dominio de nuestra existencia, y nos dejamos tentar por cualquier cosa que nos prometa alto mejor que lo que ya tenemos.

No es de asombrarse que a la Tierra Madre no le regocijara mucho que Urano le volviera a meter toda su progenie en el vientre, de modo que se vengó: construyó una hoz de acero e imploró a sus hijos que algunos de ellos castrara a su padre. El hijo menor, Cronos (Saturno), exhibiendo ya su característico sentido de la responsabilidad, se ofreció para la tarea. Aquella noche Urano descendió, como siempre, y en el preciso instante en que estaba por tenderse sobre Gaia, Cronos seccionó los órganos genitales de su padre y los arrojó al mar.

Tal como Cronos castró a Urano, astrológicamente Saturno amputa el impulso creativo y la potencia de Urano. Esta imagen sintetiza una guerra básica que existe en toda psique humana: una necesidad saturnina de mantenimiento y preservación que entra en conflicto con nuestro anhelo uraniano de alteración, variedad y cambio. Una parte de nosotros prefiere mantener las cosas como están (el principio de homeostasis), en tanto que otra quiere seguir creciendo y desarrollándose. Saturno construye, conserva y rinde honores a lo conocido y probado; Urano, en nombre del progreso, quiere demoler para dejar lugar a algo nuevo.

El dilema Saturno-Urano

Un mito es algo que jamás sucedió, pero que siempre está sucediendo. Psicológicamente, Saturno castra a Urano cada vez que hay fuerzas de resistencia (a veces externas, a veces internas, a veces de ambas clases) que nos impiden emprender una acción o tomar una nueva dirección. Podemos bloquear a Urano por muy diversas razones: el sentido del deber, un compromiso o una responsabilidad, o también una necesidad básica de seguridad, unida al miedo de lo desconocido. Si rendimos homenaje a Saturno, nos detenemos y nos quedamos inmóviles, pero la necesidad uraniana de cambio sigue estando ahí, escondida y soterrada.

El mito nos presenta claramente las consecuencias de que Cronos castrase a Urano. Unas gotas de la sangre del miembro amputado cayeron al suelo (el útero de Gaia) y dieron nacimiento a las Furias, cuyos nombres (Alecto, Tisífone y Mégera) se traducen como envidia, venganza y odio. Si bloqueamos o reprimimos los cambios que nos pide Urano, entonces nacen las Furias dentro de nosotros. Exteriormente podemos mantener bien firme la tapadera, pero por dentro bullimos de resentimiento hacia aquellos por quienes nos sentimos restringidos, y de envidia hacia quienes están en libertad de progresar mientras que nosotros permanecemos estancados. Y, lo sepamos o no, es posible que estemos también enojados con nosotros mismos. Urano exigen que emprendamos la acción, pero cuando no permitimos que esto suceda, la energía que se habría dedicado a hacer cambios en nuestra vida ahora no tiene adónde ir, de modo que se vuelve sobre sí misma y, en forma de enfermedad, ataca al cuerpo. O bien se incuba peligrosamente en la psique hasta que termina por hacer erupción, a veces en forma de trastornos nervioso. O en todo caso, es tanta la energía que necesitamos para mantener soterrado a Urano que nos queda muy poca para vivir. No es nada extraño, pues, que terminemos cansados, apáticos y deprimidos. Los tránsitos de Urano no se asocian generalmente con estados de depresión, enfermedad o fatiga, pero en el caso de que se presenten reacciones así durante un tránsito importante de este planeta, eso quiere decir que estamos bloqueando algo dentro de nosotros que necesita salir y expresarse.

Supongamos, sin embargo, que decidimos obedecer nuestros impulsos uranianos y desbaratar la estructura de nuestra vida en aras de algo nuevo. O dicho de otra manera ¿qué sucede si Saturno no consigue un éxito total en su empresa? Se lanza contra Urano, pero falla el golpe, y Urano, ileso aunque pierda unas gotas de sangre, sigue alegremente su camino, pero… ahora es Saturno quien está encolerizado. Si, fieles al espíritu uraniano, nos enfrentamos con el status quo o con el orden establecido, quizá nos encontramos con que las Furias se abaten vociferando sobre nosotros, por obra de quienes se sienten amenazados por nuestros actos de “rebelión”. Como hemos liberado nuestros impulsos uranianos, su energía ya no bulle en nuestro interior. Ahora las Furias no nacen dentro de nosotros, sino que en cambio nos atacan desde el exterior.

Esa clase de inversión no es rara en casos como la ruptura de una relación. Hice la carta de una mujer que tenía relaciones con un hombre desde hacía varios años, pero que a medida que Urano se acercaba lentamente a su Venus natal se sentía cada vez más descontenta. Tanto de maneras obvias como de otras más sutiles, su compañero la hacía sentir inadecuada, al mismo tiempo que no apoyaba ninguno de los intentos de crecimiento personal de ella. Se oponía a que acudiese a clases nocturnas de astrología, mediante las cuales la mujer no solo esperaba saber más de sí misma, sino también adquirir unos conocimientos que más adelante podría usar en un nivel profesional. Incluso cuando Urano tránsito sobre su Venus natal y después volvió a hacerlo en movimiento retrógrado, ella mantuvo controlado su enojo con su pareja, aunque admitía que se sentía cada vez más frustrada con la relación. Las Furias estaban creciendo en su interior. Intentó hablar del problema con él, pero después de algún pequeño esfuerzo por cambiar de actitud, su compañero terminaba por volver a sus antiguas pautas. Cuando Urano, de nuevo en movimiento directo, estaba a punto de pasar por tercera vez sobre su Venus natal, la mujer ya no pudo seguir tolerando las limitaciones de la relación y terminó por irse del piso que ambos compartían.

Su reacción inmediata fue de alivio. Se sentía un poco triste por el fin de la relación, pero con todas las posibilidades nuevas que se abrían ante ella, no sentía gran remordimiento. Su vida se había vuelto interesante, y estaba segura de haber actuado bien. Las Furias ya no bullían dentro de mi clienta sino que, durante algunas semanas y meses después de haberse ido, la persiguieron por correo y la acosaron por teléfono, en forma de cartas y llamadas amenazadoras y coléricas del hombre a quien había dejado. En esta historia resulta obvio que las Furias siguen gozando de buena salud como en la antigua Grecia, y no sólo se mantienen increíblemente activas en los tribunales de pleitos matrimoniales del mundo entero, sino también en diversas oficinas gubernamentales, donde se las pone en movimiento contra todos los disidentes y rebeldes que amenazan al Estado.