martes, 18 de marzo de 2008

Los Planetas



La astrología es tan antigua como el ser humano. Desde siempre, cuando necesitábamos respuestas a preguntas sobre la existencia y el porvenir, instintivamente mirábamos al cielo, como si su configuración luminosa fuera un mapa que codifica el mensaje que requeríamos. Sin embargo, las pruebas escritas que tenemos sobre deducciones astrológicas se remontan a, como mucho, hace 5000 años más o menos. Parece ser que la cuna de la astrología en Europa es la cultura sumeria. Parece lógica la división, heredada de los sumerios, entre las constelaciones de estrellas y todo lo demás. En el grupo de “todo lo demás” incluyo el Sol (que desde el punto de vista de la Tierra no forma parte de ninguna constelación), la Luna (que es un satélite), los planetas, los asteroides y algunas estrellas concretas (como Aldebarán, Rigel, Spica, Vega o Polar) que por su situación y brillo siempre han tenido más importancia (indistintamente de si ya forman parte de una constelación o no). Es importante esta idea porque proviene de una observación puramente solar. En otras palabras, la interpretación astrológica sumeria (y por ende la nuestra) depende de los astros que viajan por el mismo “camino” que hace el Sol: la Eclíptica; de ahí que tome importancia el zodíaco.

Esto nos distingue de, por ejemplo, la astrología china, fundamentada en lo lunar y que, por consiguiente, tiene un zodíaco distinto y dividido en 28 sectores; eso sí: es de una gran sutileza y de una complicación extremada, como todo lo que suelen hacer los chinos, hasta el punto que en el pasado el pueblo no recibía su difusión y quedaba limitada por la comprensión de los iniciados.

En nuestra astrología, a pesar del análisis científico y sus definiciones, todo lo que no son constelaciones ni estrellas queda englobado bajo el nombre deplanetas”. La excepción es el Sol, que también será un planeta para nosotros, los astrólogos, aunque nos suene raro. Esta simplificación trae consigo una pequeña complicación: cualquier cuerpo celeste que actúe de forma independiente y viaje por nuestro zodíaco será susceptible de ser utilizado en astrología. Si consideramos que actualmente se conocen miles de asteroides y algunos planetoides que cumplen este requisito se hace imposible hacer una interpretación completa de una carta astral. Por este motivo me ceñiré, en lo posible, a lo tradicional, aunque veremos, cuando tratemos los signos del zodíaco más adelante, que a veces puede resultar una información incompleta.

Los Planetas

Los planetas tradicionales son siete: Sol, Luna, Mercurio, Marte, Venus, Júpiter y Saturno. Son los más visibles sin necesidad de instrumentos ópticos. A pesar de que nos resulta común hablar de Neptuno, Urano y Plutón, considero importante recalcar que se trata de descubrimientos recientes: Urano, en 1781 por Herschell; Neptuno, en 1846 por Le Verrier; Plutón, hallado matemáticamente en 1910 por Percival Lowell, y astronómicamente en 1930 por Clyde Tombaugh.

Me parece interesante echar una ojeada a los símbolos de los siete planetas tradicionales y mostrar que cinco de ellos provienen de la combinación de los otros dos, los luminares, junto con el símbolo de la Tierra. Observad:





A continuación veremos el significado que esto encierra. Su disposición no es casual. Por instinto, lo primero que nos suele preocupar es nuestra posición en el mundo en el que vivimos (la Tierra). Luego nos preguntamos acerca de nosotros mismos, interiorizamos, y descubrimos los rasgos personales, así como lo que nos guía interiormente. Más tarde investigamos acerca de nuestra relación con el exterior, y el intercambio que procede de esta interacción. El siguiente paso es nuestra relación con las demás personas, de tú a tú, sobretodo como vehículo para manifestar lo que deseamos o para conquistar nuestros anhelos (del contacto con la gente siempre obtenemos algo, y siempre damos algo a cambio). Y más tarde nos preocupa nuestra relación con el entorno y la sociedad en la que vivimos. Después de este viaje, tal vez nos preguntemos acerca de lo que hay más allá de lo social y de lo meramente visible y palpable... si creemos que existe. Pues bien, los planetas se asocian a cada fase de este despertar, y su simbología nos ayudará a comprobarlo:

· La Tierra es el punto de origen de nuestro camino al autoconocimiento. En ella confluyen todas las fuerzas cósmicas y las telúricas, el entorno y el centro de orden material. En ella nos manifestamos en todas direcciones. Por todo eso, su símbolo es una cruz.

· Las luminarias, que son el Sol y la Luna, trata la personalidad y la guía interna. Son las luces que nos invitan a expresarnos y a movernos para iniciar el camino. En el Sol, el punto dentro del círculo representa al Alma como parte íntegra de la divinidad, o al Espíritu como chispa divina y fuerza primera activa. La Luna realmente es un círculo, pero con una parte de éste vuelta hacia el interior, y de ahí sabemos que tiene que ver con el interior y lo receptivo, con el aspecto femenino de lo divino, y puede representar al cuerpo, a la mente y al corazón, como receptáculos de la fuerza activa que emana del Alma (y del Espíritu).

· Mercurio trata la interacción de nuestro mundo interior con lo de fuera. Aquí vemos que su símbolo recoge las tres figuras, simbolizando que el Yo (el Sol) hace de nexo entre el mundo (la Tierra) y lo que sentimos y pensamos (la Luna). Por eso recibe el nombre de planeta regulador de la experiencia.

· Venus y Marte tratan nuestra relación con los demás. Vemos que el símbolo de Marte tiene de base la fuente de la vida (el Sol) que se manifiesta sobre la Tierra, y por eso es un planeta de energía y vitalidad. Venus está simbolizado por las sensaciones del mundo terrenal como base actuando sobre el Yo y la Vida (el Sol), por eso es un planeta de sensibilidad y belleza.

· Júpiter y Saturno son los planetas de la interacción social. El símbolo de Júpiter representa la manifestación material (la Tierra) de lo que hay en nuestra mente y nuestro corazón (la Luna), por eso es un planeta de materialización, logro, éxito, alegría y jovialidad. Saturno, en cambio, está representado por el orden material (la Tierra) pisando las emociones y las pasiones (la Luna), y por eso es un planeta más bien frío, serio, controlador, calculador y represivo.

· Los planetas no tradicionales, como Urano, Neptuno y Plutón, se llaman planetas transpersonales, porque nos hablan de lo que hay más allá de nuestra visión social y material, y de nuestra relación con el cosmos y con la fuente primera de energía de vida.

Me basaré en este orden planetario para describir, uno a uno, el significado de cada planeta.

Las luminarias: planetas de la personalidad

El Sol

Representa, en esencia, la luz interior, la fuente de la Vida, y el Alma. Es el centro. Es la individualidad y la personalidad consciente que uno tiene de sí mismo, así como su expansión del Ser. En una carta natal, el signo por el que pasa el Sol es nuestro signo. En una carta astral cualquiera, podría representar al padre y al marido, pero también la guía interna con la que podemos conectar. Un Sol en Escorpio, pues, habla de transformaciones y nos da mensajes de regeneración (que es por lo que pasamos la mayoría, por no decir todos, en esa época del año que nace en la última semana de Octubre y contiene gran parte de Noviembre). El Sol, por lo tanto, nos da conciencia del flujo de las cosas y del Presente.

Sus virtudes son: serenidad, ilusión, amor, vida, virilidad, orgullo, esencia, Verdad, poder, honor, nobleza, lealtad, sinceridad, honradez, autoridad, madurez, confianza, entusiasmo, protección, sanación e iluminación.

Mal aspectado manifiesta: envidia, hipocresía, arrogancia, soberbia, despotismo, tiranía, vanidad, orgullo, dramatismo y teatralidad (protagonismo).

El Sol cambia de signo cada 30 días.

Rige el corazón y la vista.

La Luna

Representa el principio femenino. Es lo subconsciente, lo emocional y lo receptivo. Hace referencia a las raíces, la infancia, el hogar, la familia y, en concreto, a la madre y a la esposa. Toma conciencia del pasado. Refleja el mundo de lo indefinido, inconcreto y mutable. Da paso a los sueños, las imágenes reprimidas, las sensaciones, las pasiones, lo intuitivo, lo irracional, así como la fantasía, la imaginación y la creatividad. Recoge experiencia sensorial tal y como viene, sin intervenir la mente para nada.

Sus virtudes son: protección, alimento, imaginación, sueños, espíritu abierto y soñador, receptividad, amor incondicional, ternura, sensibilidad, perdón, sabiduría, fertilidad, contemplación, arte, cuidado de uno mismo (autoestima).

Mal aspectado manifiesta: susceptibilidad, indecisión, remordimientos, neurosis, dependencia, sobreprotección y posesión (acaparar).

Tarda aproximadamente 28 días en dar la vuelta a la Tierra, así que cambia de signo más o menos cada dos días y medio.

Rige el sistema digestivo, el sistema linfático y la matriz.

Planeta regulador de la experiencia

Mercurio

Es el nexo entre nuestra esencia y el mundo. Se encarga del intercambio de información, así como de la asimilación y ordenación de las experiencias. Por todo ello, representa el intelecto, el habla, la percepción, la locuacidad y la elocuencia, y las ideas. Conecta nuestra mente y pensamientos con nuestro corazón y emociones. Es, por tanto, un gran mediador. Rige también las habilidades manuales y psicomotrices. En un tema natal hace referencia a los hermanos (concretamente los menores), a los amigos más cercanos y a los viajes cortos. Si nos basamos en la mitología grecorromana, Mercurio (Hermes) era muy travieso antes de madurar y convertirse en mensajero, y por lo tanto podemos decir que el planeta hace referencia a la etapa de la adolescencia.

Sus virtudes son: facilidad de aprendizaje, rapidez mental, expresión y expresividad, adaptabilidad, socialización, diálogo interior, realidad concreta, canalización, pensamiento práctico, comercio y astucia.

Debido a que siempre está cerca del Sol (no suele separarse de él más de 28º) no suele estar mal aspectado. Sin embargo, si estuviera demasiado cerca del Sol (menos de 3º) se le considera “combusto” y manifiesta: inquietud, inestabilidad, crisis nerviosa, decepción, malas intenciones, mentiras, calumnias, hipocresía, charlatanería, desconexión de uno mismo, maremoto psíquico...

Da la vuelta al Sol en 88 días, y cambia de signo más o menos cada mes, como el Sol, y por eso lo vemos siempre cerca de él.

Rige el sistema nervioso, las facultades mentales, la garganta, la respiración, los brazos y las manos, y la coordinación del sistema motriz.

Planetas de la interacción personal

En realidad, Venus y Marte son los planetas del deseo. Manifiestan cómo perseguimos lo que deseamos, cómo lo percibimos y, mediante eso, cómo queremos que nos quieran y cómo queremos a los demás. Es un hecho que mediante la interacción con las personas establecemos un intercambio, ya sea de información, afectivo, o de cualquier otra naturaleza. Por lo tanto, hay un sentido más profundo en esa interacción entre individuos que abarca mucho más que la interacción en sí.

Venus

Representa todo lo que es bello y deseable. Nos enseña a encontrar la paz, el bienestar y la satisfacción. Muestra lo mejor y más agradable de nosotros y abre el camino del hedonismo. Simboliza, evidentemente, el atractivo personal, pero también se encuentran entre sus virtudes: la capacidad artística, la armonía, la delicadeza, la estética, el amor consciente (que, en este caso, puede ser condicionado), relacionarse desde la sensibilidad, sensualidad, la juventud y la sociabilidad.

Mal aspectado manifiesta: pereza, envidia, manipulación por dinero o bienes materiales (lujuria) y posesión, relegando los valores éticos a una dudosa posición.

Puede representar, en una carta astral, a las amantes o las hermanas.

Da la vuelta al Sol en 243 días, permaneciendo en cada signo más o menos 22 días.

Rige la garganta, junto a mercurio, sobretodo la tiroides, pero además, rige los riñones, los ovarios, el páncreas, el sexo externo femenino y la piel y el tacto.

Marte

Es la representación del deseo en sí mismo. Muestra cómo perseguimos nuestras metas. Es directo, a veces cortante, y simple. Sabemos que se asocia al dios de la guerra, así que nos indica cómo enfrentarse a los distintos ámbitos de la vida, generalmente con entusiasmo y vitalidad. En la carta natal puede representar a los amantes y al hermano primogénito.

Marte aporta: energía, acción vital, sexualidad, valor, ánimo, coraje, fuerza creadora, entusiasmo, deporte, moral y honor.

Mal aspectado manifiesta: ira, rudeza, incomprensión, insensibilidad, ambición desmedida, impulsividad, irracionalidad, imprudencia y negligencia. En la salud puede producir fiebres, inflamaciones y alta presión arterial.

Da la vuelta al Sol en 685 días, por lo que se está en cada signo casi dos meses.

Rige la sangre, los músculos, los órganos sexuales masculinos, y se encarga de la maduración del individuo, tanto física como psicológicamente.

Planetas de la interacción social

Júpiter

Es el planeta de la hermandad. Rompe los límites de lo individual y expande los horizontes personales en todos los planos. Dicha expansión lleva a buscar el conocimiento superior y recuerda que todos los seres humanos somos hermanos y la unión hace la fuerza. Por ello, este planeta se encarga de la filosofía, la religión y la ética. Se ocupa también del bienestar común, que siempre aporta serena alegría. Debido a su expansión se le considera también como el planeta de los mundos lejanos y los grandes viajes. A pesar de ser un planeta que expande horizontes, es social, así que seguirá las tradiciones sociales. La diferencia es que admite lo nuevo.

Sus virtudes son: expansión, felicidad, gloria, despreocupación, beneficio común (del grupo), fe, fortuna, crecimiento, expresión, honestidad, compartir, legalidad, riqueza, éxito social, honor, liberalidad, generosidad, juicio, autoridad, sinceridad, jovialidad, virtud, respeto, serenidad y sabiduría de la vida.

Mal aspectado muestra: ludopatía, arrogancia, burguesía, excesos, dogmatismo, riesgo, orgullo, falta de respeto, hipocresía, exageración, vagancia, libertinaje y vida fácil a costa de los demás.

Da la vuelta al Sol en 12 años, así que se está cada año en un signo diferente.

Rige el hígado, la vesícula biliar y las grasas.

Saturno

Es el planeta de las normas sociales. Pone límites, obligaciones, jerarquía, control y organización. Procura mantener un estatus y dicta unas leyes. Saturno es la conciencia del Miedo, no percibe la experiencia de la vida sin agotamiento, dolor o sufrimiento. Induce timidez. Es práctico, pero incapaz e impotente. Su influencia nos pone delante no sólo de los límites sociales, sino también de los personales, aquello que tenemos reprimido, aquello a lo que le tenemos miedo, consciente o no. Al mismo tiempo, recuerda las experiencias más desagradables y nuestro lado oscuro, para darnos la oportunidad de reconocerlo y hacernos más fuertes. Por ello, es la representación del Morador en el Umbral. Saturno simboliza también la experiencia acumulada con el paso del tiempo, por eso se asocia a la vejez, al tiempo, y a las consecuencias de los actos del pasado (Karma), así como a las lecciones de la vida.

Sus virtudes son: prudencia, reflexión, solidez, erudición, celibato, método, ciencia, circunspección, perseverancia, paciencia, sentido del deber, meditación, exactitud, responsabilidad y determinación.

Mal aspectado manifiesta: fracaso, renuncia, demora, desventura, enfermedad, sobriedad, reserva, timidez, avaricia, pesimismo, egoísmo, frialdad, tristeza, soledad, obstrucción, bloqueos emocionales, inhibición, restricción y miedo.

Da la vuelta al Sol en 29 años, y pasa por cada signo cada dos años y medio. Cada 29 años desde la fecha de nuestro nacimiento, como Saturno regresa a su posición original de nuestra carta natal, vienen momentos intensos de reflexión, de mirar atrás y valorar lo que se ha hecho, de corregir errores y de seguir adelante con más madurez.

Rige los huesos, las articulaciones (especialmente las rodillas, sede de la esperanza), tendones, ligamentos, cartílagos, dientes, los minerales y la piel.

Planetas transpersonales

Actualmente se usan en una carta astral de forma cotidiana y “normal” los siguientes tres planetas transpersonales: Urano, Neptuno y Plutón. Puesto que aparentemente no forman parte de la antigua tradición cabe preguntarse si merecen crédito en el momento de su uso astrológico. Sobretodo en el caso de Plutón, pues este planetoide no viaje alrededor del Sol en el mismo plano en que lo hacen los demás planetas, sino que está desviado en cierto ángulo. Eso significa que Plutón se desvía algunos grados de la Eclíptica y por ello quedaría fuera de las influencias del zodíaco. Como las apariencias son sólo eso, apariencias, y a menudo engañan, voy a dar paso a estos tres grandes planetas que inducen a echar una ojeada más allá del encasillamiento social. Como apunte, decir que rara vez un planeta transpersonal marca la personalidad del individuo, a menos que esté aspectado con las luminarias o con el Ascendente o el Medio Cielo. A partir de aquí se trata más bien el inconsciente colectivo y la evolución global.

Urano

Representa la mente divina, la conciencia cósmica y universal, y la sabiduría desconocida e ilimitada. Es la figura de los ideales humanitarios más elevados y espirituales. Para alcanzar estos niveles superiores, Urano habla de la necesidad del desarraigo de lo tradicional, de desapego. Por lo tanto, es el planeta que da paso a lo nuevo, a los cambios, a las sorpresas, a los imprevistos, al progreso, al idealismo y a la libertad de cadenas, de prejuicios, de condiciones y de ataduras. Es el desarrollo más allá de las fronteras psíquicas y físicas hacia una nueva dimensión y realidad.

Sus cualidades son: originalidad, cambios repentinos e inesperados, impredecibilidad, novedad, ideal, Verdad, justicia, libertad, fraternidad, amistad, autenticidad, igualdad, progreso colectivo, intuición y genialidad, invención, preocupación espiritual humanitaria, independencia, sinceridad y creatividad.

Mal aspectado manifiesta: excentricidad, rebelión, descontrol, contradicción, neurosis, violencia, deshumanización, indecisión, extremismo y fanatismo.

Tarda 84 años en dar la vuelta al Sol. Está 7 años por signo. Hacia la mitad de su ciclo, los 42 años, nos puede provocar una época de crisis personales profundas que, habitualmente, abre nuevas oportunidades.

Rige el sistema eléctrico corporal, las piernas y los tobillos.

Neptuno

Es el planeta de la Unidad mística y la conciencia colectiva. Tiene un intenso poder de disolución. Disuelve el ego, los límites personales de todo tipo, y cualquier tipo de cascarón, pues su finalidad es que cada ser humano se funda con los demás formando una sola identidad, compartiendo un mismo sentimiento. Como el ego nunca quiere ser disuelto, la energía de Neptuno tiende a reprimirse. La meta más elevada de Neptuno es la Unidad espiritual con el resto de la Creación. Por eso es el planeta de lo místico, lo religioso y lo espiritual (se trata de una o de varias octavas superior al mensaje de Júpiter en cuanto a lo espiritual se refiere). Su mundo es, como con la Luna, el mundo de los sueños, la fantasía, la imaginación y lo subconsciente.

Sus virtudes son: meditación, fe, creatividad artística, devoción, espiritualidad, intuición, ilusión, sensibilidad, misticismo, divinidad, genialidad, facultades psíquicas, mediumnidad, imaginación, inspiración, sueños, sanación y compasión.

Mal aspectado manifiesta: confusión, hipersensibilidad, fraude, quimera, evasión, apego, irresponsabilidad, depravación, lujuria, toxicomanía, vicio, miedos, pesadillas, presentimientos siniestros y autoindulgencia. En el campo de la salud puede indicar contaminación, infección o algún desastre ligado a los líquidos.

Da la vuelta al Sol en 165 años, por lo que se está en cada signo casi 14 años.

Rige los pies, la médula espinal y la hipófisis.

Plutón

Es el planeta de la fuerza de la vida por la vida y de la transmutación. Habla de las profundidades de nuestras tinieblas interiores, nuestro propio mundo subterráneo, que llegan hasta la noche original del Alma. Nos conecta con la esencia de vida y con aquello de nosotros que es más poderoso pero al mismo tiempo ingobernable, esa energía única oculta e ignorada que se desata involuntariamente en los grandes momentos de conmoción y que traspasa todos los límites para lograr la supervivencia. Provocará cambios bruscos y la muerte de nuestro Yo para propiciar la regeneración y la conexión con lo más íntimo de nuestro Ser. Siempre actúa desde lo invisible y sus efectos son traumáticos. Como Urano, su destrucción es para dar paso a lo nuevo, una muerte para un nuevo nacimiento. Invita a explotar todo cuanto hay en nosotros mismos, aunque puede acarrear un gasto energético considerable y puede llevar a la autodestrucción. La energía de vida, de muerte, de transformación y de lo oculto que se deriva de Plutón es la misma energía que opera en un acto de creación y también en el sexo, y por ello la sexualidad (que nos hace pasar por una pequeña muerte momentánea de nuestro Yo para dar paso a una unidad mayor; es también un acto espiritual profundo para conectar con uno mismo y con la conciencia divina) queda bajo el amparo de este planeta. Es también el planeta de las pasiones profundas y más básicas.

Sus virtudes son: independencia, dominio de fuerzas naturales, espíritu investigador, vanguardia, valentía, autocontrol, sentido de riesgo, evolución, psicología, transformación, transmutación, regeneración, renovación, deseo de vida y supervivencia.

Mal aspectado presenta: brutalidad, rebeldía, vandalismo, destrucción, instigación e histrionismo.

Da la vuelta al Sol en 250 años, está por cada signo (o en las proximidades) alrededor de los 18 años.

Rige el sistema reproductor, el excretor y la próstata.

Los aspectos astrológicos

Como dijimos en la introducción, los aspectos son las “relaciones geométricas que existen entre dos elementos de una carta astral”, sus separaciones angulares contadas en grados sobre la Eclíptica. Son importantes porque en la interpretación de un tema astrológico no basta con tratar el carácter individual de cada elemento. De hecho, alcanza gran relevancia la relación de cada elemento con el resto del tema, pues la interrelación a menudo varía el resultado final de la interpretación. Es esencial tener en cuenta que todo está interconectado y todo influye o afecta a todo.

En este capítulo, como sólo tenemos la información sobre los planetas, no podremos hacer otra cosa que deducir si la relación entre ellos será positiva, negativa, decisiva, si se anulan entre ellos... Pero me pareció importante introducir los aspectos ahora, pues hacerlo más adelante, con toda la información aprendida, habría resultado un caos, y así ahora tenemos la oportunidad de acostumbrarnos y asimilarlos gradualmente. Cuando sepamos a fondo sobre los signos zodiacales veremos que ya podremos dar mucho contenido interpretativo. Y con las casas, ya no habrá quien nos frene.

De las infinitas posibilidades de relación geométrica sólo se consideran ciertas distancias angulares privilegiadas que llamaremos Aspectos Mayores. Serán los que tengan mayor relevancia. Existen algunos aspectos con mínima influencia, a los que llamaremos Aspectos Menores. Primero dispondré aquí un cuadro esquemático que nos permitirá una presentación de los aspectos, con el símbolo astrológico al lado de cada nombre. Después procederemos a verlos uno a uno. Es útil darse cuenta que en una representación gráfica los aspectos armónicos se dibujan con líneas naturales de un color claro, generalmente verde, y que los aspectos desarmónicos se dibujen con líneas punteadas de un color oscuro o caliente, como el rojo.






Conjunción

Se da cuando “coinciden” dos elementos en un mismo grado del zodíaco. Su separación es, lógicamente, de 0º. El efecto de una conjunción es variable, depende de la relación íntima entre los elementos, que pueden ser entre sí armónicos o disonantes. Sin embargo, se caracteriza porque siempre es una relación intensa. Por ejemplo: una conjunción Sol-Venus será armónica, pero al ser una relación intensa resultará mucho más benéfica de lo usual; una conjunción Sol-Saturno sería disonante, pero al ser una relación intensa será más desarmónico de lo usual.

En este punto, creo necesario hacer reflexionar sobre el carácter benéfico de cada planeta. Normalmente, se consideran a Saturno y a Plutón como los más disonantes o maléficos, sobretodo el primero. Plutón, a pesar de todo, puede ofrecer una relación de liberación, resultando benéfico. Marte es generalmente benéfico, pero muy activo puede resultar agresivo y violento. Neptuno es benéfico pero una relación con él puede derivar en confusión y en dejar de tener los pies en la tierra. Júpiter es el gran benéfico. Por lo general, el Sol y Venus son los siguientes más benéficos. Y la Luna también es benéfica, pero le sucede un poco como a Neptuno. Urano suele ser benéfico pero puede manifestar violencia e imprevisibilidad en los sucesos, y muchas idas de olla, según con quién forme aspecto. En cuanto a Mercurio, es neutro, pero matizará con su personalidad las cualidades de los otros planetas con quienes forme aspecto.

Trígono

Es la mayor relación de armonía. Se da por una separación entre planetas de 120º. Desata las mejores cualidades de cada planeta en aspecto, lo más positivo y lo más beneficioso. Visualmente, en la carta vemos cómo los planetas en trígono están en signos del mismo elemento (querría puntualizar aquí que mencionaré formas en que se dividen los signos del zodíaco; no os preocupéis si no sabéis qué es cada cosa, se explicará con detalle en la próxima entrega sobre astrología), que se disponen como si fuera un triángulo.

Sextil

Es la siguiente relación armónica. Se da por una separación de 60º. No es tan favorable como el trígono pero, ante planetas de naturaleza más disonante, consigue aplacar sus efectos negativos a pesar de que no mostrará ni expandirá las virtudes de dicho planeta disonante como haría el trígono. Indica la oportunidad de crecer hacia la armonía con el efecto de ambos planetas. Visualmente distinguimos esos planetas en signos consecutivos de la misma dualidad electromagnética, dispuestos como si fueran una arista de un hexágono.

Aspecto Menor – Semisextil

Su influencia es muy débil, pero armónica. Se da por una separación de 30º. No suele tenerse en cuenta pues apenas afecta sobre la vida de un individuo. Por eso forma parte de la catalogación de aspecto menor. Ambos planetas, aquí, tienen poco peso. Es favorable para aplacar características negativas de los planetas, pero no desarrollan (y es casi imperceptible) sus virtudes, ni siquiera las de un planeta benéfico (a menos que sea muy benéfico y esté aspectado con una luminaria).

Oposición

Es la mayor relación de desarmonía. Se da por una separación de 180º. Aumenta las cualidades negativas y agresivas de los planetas, no permite que asome ninguna virtud. Indica que hay que realizar un balance, un equilibrio, entre lo que manifiesta cada planeta. Visualmente, en la carta ambos planetas se sitúan diametralmente opuestos.

Cuadratura

Es la siguiente relación de desarmonía. Se da por una separación de 90º. Aunque es una relación disonante, a menos que sea un aspecto con un planeta potencialmente negativo, un planeta benéfico puede menguar las cualidades negativas de la disonancia, dejando entrever algo de su armonía. Si se da entre planetas benéficos, podría presentar sólo una leve desarmonía fácil de superar. Indica la necesidad de compensar y complementar aquello que manifiesta cada planeta, una adaptación. Es más flexible que la oposición. Visualmente, los planetas se encuentran en signos de la misma naturaleza dinámica, que se disponen como si formaran un cuadrado.

Aspecto Menor – Semicuadratura

Como sucedía con el Semisextil, su influencia es débil. Se da por una separación de 45º entre los planetas. No permitirá el desarrollo de las cualidades positivas planetarias, pero no tiene fuerza para destacar las negativas, así que prácticamente quedan compensados ambos elementos. Tampoco suele tenerse en cuenta en astrología, porque al ser un Aspecto Menor poco hace sobre el individuo, a menos que se trate de un aspecto entre un planeta potencialmente maléfico y una luminaria.

Quincuncio

También se llama Inconjunción. Se da por una separación de 150º. Es una relación que, como con la conjunción, depende de la naturaleza íntima de los planetas que estamos aspectando, así que su efecto es variable. A veces, puede parecer una relación de desarmonía porque su principal característica es provocar miedos o baches, con efectos inevitables, que obligan a tomar decisiones. Si estamos relacionando dos planetas benéficos puede que estemos tratando la buena suerte del nativo de dicho tema natal o la ausencia (en el mejor de los casos) de baches en el camino. Esta relación rozaría el Karma de una persona. A pesar de ser un aspecto peculiar, es desconocido para muchos y la mayoría no suele usarlo. En ningún caso se puede considerar un aspecto menor, porque sus efectos no son, para nada, débiles.

Existen muchos otros aspectos menores, como la sesquicuadratura, el quintil, el semiquintil, el septil, el novil, etc. Sin embargo, apenas son usados en el día a día, y la mayor información la dan los aspectos antes mencionados.

Las órbitas

Es raro que los planetas cumplan exactamente las distancias angulares indicadas en la teoría, por lo que se admite una tolerancia, algunos grados de desviación de los planetas. Esta tolerancia se llama Orbe u Órbita. Debido a esto, si el Sol y Júpiter están separados por 3º, podremos decir que igualmente están conjuntos, aunque no estén perfectamente solapados. Las órbitas para cada aspecto son las siguientes:

Conjunción

Trígono

Sextil

5º-6º

Oposición

Cuadratura

Semisextil

2º-3º

Semicuadratura

2º-3º

Quincuncio

2º-3º

Eso significa que, por ejemplo, un sextil se puede dar aunque los planetas estén separados por 5 ó 6 grados más o por 5 ó 6 grados menos (desde los 55º hasta los 65º aproximadamente).

Esas órbitas son un límite máximo. Es difícil que un aspecto de trígono entre dos planetas con una tolerancia de 7º se manifieste con toda su intensidad, se dará con mayor efectividad con una tolerancia de 5º. La excepción es si el aspecto se da con alguna luminaria, pues su fuerza es mayor que la de los otros planetas, y sí producirán una intensidad máxima aunque el aspecto esté en el límite de su orbe.

Con la información de los planetas y sus aspectos ya podemos empezar a ver una carta astral con otros ojos. Sugiero que practiquéis con los aspectos que aparecen en la carta de prueba que dispuse en el capítulo introductorio. Luego os podéis aventurar a analizar los aspectos de vuestra propia carta natal. Se puede sacar mucho jugo sólo viendo los aspectos.

Fuente:

http://xaviergf.iespana.es/blog/Cursos/Astrologia/planetas.htm