miércoles, 15 de abril de 2009

LA PROFECÍA CUÁNTICA EN LOS DÍAS DE LA ESPERANZA



La ciencia de la física cuántica, desarrollada a principios del siglo XX, aporta principios que hacen que el tiempo, la oración y nuestro futuro estén íntimamente relacionados de modos que sólo estamos empezando a comprender. Entre las fascinantes propiedades de la teoría cuántica está la existencia de muchas posibles consecuencias para un momento dado en el tiempo. Si evocamos el pasaje bíblico de «en casa de mi Padre hay muchas mansiones», la «casa» de nuestro mundo es la sede de muchas de las posibles consecuencias de las situaciones que creamos en nuestras vidas. Más que crear nuestra realidad, sería más exacto decir que creamos las situaciones a las que atraemos los futuros resultados, ya establecidos, a ocupar su puesto en el presente.


Las elecciones que realizamos como individuos determinan qué mansión, o posibilidad cuántica, experimentamos en nuestras vidas personales. A medida que nuestras elecciones individuales van cayendo en amplias categorías que afirman o niegan la vida en nuestro mundo, las múltiples opciones se fusionan en una sola respuesta colectiva a los retos del momento.

Por ejemplo, si elegimos el perdón, la compasión y la paz, atraeremos futuros que reflejarán esas cualidades. La belleza de la analogía ya citada de Hermes Trismegisto «como arriba, así abajo», es que nos muestra el significado de cada elección que ha realizado cada hombre y cada mujer, de cualquier procedencia, en cada momento. En la ausencia de dinero o de privilegios, todas las opciones tienen la misma fuerza y valor. Seguir nuestro curso por las posibilidades de la vida es un proceso de grupo. En el mundo cuántico no hay acciones ocultas, y cuenta cada acción de cada individuo. Nos encontramos en un mundo que creamos juntos.


Ni las profecías antiguas ni las actuales pueden predecir nuestro futuro; ¡en cada momento perfeccionamos nuestras elecciones! Aunque nos parezca estar en un camino destinado a un resultado específico, nuestro camino puede cambiar radicalmente para producir otro resultado totalmente inesperado (en un período de tan sólo treinta minutos como en el ejemplo del bombardeo de Iraq). Las predicciones sólo ofrecen posibilidades. El físico Richard Feynman, considerado por muchas personas como uno de los más grandes innovadores del nuevo pensamiento desde Albert Einstein, hablaba precisamente de este punto clave de la profecía cuando dijo:

«No sabemos cómo predecir lo que sucederá en un momento dado. Lo único que se puede predecir es la probabilidad de que sucedan distintos acontecimientos».14

Quizá los pasajes con más autoridad de nuestros perdidos textos precristianos hagan referencia a una antigua ciencia conocida hoy en día como oración. Considerada por muchos como la raíz de toda tecnología, la oración, que es la unión del pensamiento, el sentimiento y la emoción, representa nuestra oportunidad de hablar el lenguaje del cambio en nuestro mundo y en nuestro cuerpo. Las palabras de otros tiempos nos recuerdan el potencial que la oración puede aportar a nuestras vidas. Las modernas investigaciones, con el lenguaje de nuestra propia ciencia, nos ofrecen las mismas visiones.

A finales de los ochenta, el efecto de la oración y la meditación masiva se pudo documentar mediante estudios que se realizaron en algunas de las principales ciudades del mundo, donde se pudo medir el descenso del índice de criminalidad ante la presencia de continuas vigilias de paz realizadas por personas preparadas para este fin. Los estudios descartaron la posibilidad de la «coincidencia» ocasionada por los ciclos naturales, los cambios en la política social o el cumplimiento de la ley.

Mientras un estado de calma y de paz se creaba en el seno de los grupos de estudio, los efectos de sus esfuerzos se dejaron sentir mucho más allá de las fronteras de las paredes y de los edificios donde tenían lugar. Mediante una red invisible que parecía impregnar el sistema de creencias, las organizaciones y los estratos sociales de los barrios del centro de las ciudades, la elección de la paz por la que optaron unas cuantas personas alcanzó a la vida de muchas. Había un efecto directo claramente observable y mensurable en la conducta humana que estaba en correlación con los grupos que se habían centrado en la oración y la meditación.


¿Se creó realmente el cambio gracias a aquellos que estaban centrados en la paz, o las vigilias de oración demuestran otra posibilidad, con implicaciones aun mayores, hasta la fecha probadas sólo en los laboratorios? Si las teorías cuánticas mencionadas anteriormente están en lo cierto, entonces por cada acto de delincuencia observado en una ciudad ya existía otra situación en ese mismo momento: otra en la que no existía el delito. Los investigadores llaman a estas posibilidades «superposiciones», pues parecen encubrir una realidad con el resultado de una nueva posibilidad. ¿Existen ciertos tipos de plegaria que atraigan estas superposiciones a ocupar el centro de nuestro presente? Para que esto fuera cierto en los experimentos mencionados, por ejemplo, las situaciones de paz y de delincuencia tenían que existir en el mismo momento, mientras una de ellas cedía el escenario a la otra. Pues, según nuestra forma de pensar, es imposible que dos cosas compartan el mismo lugar a un mismo tiempo; ¿o es posible?


El médico Jeffrey Satinover, en su reciente libro, Cracking the Bible Code, relata una investigación recentísima que plantea justamente esas posibilidades. En uno de estos estudios, dice Satinover, se registraron dos átomos, con propiedades muy distintas, en un acto que desafiaba las leyes de la naturaleza, tal como las entendemos hoy en día. Bajo las condiciones apropiadas, ¡los dos átomos estaban ocupando exactamente el mismo lugar en exactamente el mismo momento! 16 Antes de que estos estudios se hubieron verificado, semejante fenómeno se consideraba imposible. Ahora sabemos que no es así.


Las situaciones que se produzcan en nuestro mundo, en cualquier momento dado en el tiempo, están formadas por personas, máquinas, la Tierra y la naturaleza. En su plano más elemental, están formadas por átomos. Si dos de los componentes básicos de nuestro mundo pueden coexistir en el mismo instante, entonces se ha abierto la puerta para que muchos átomos hagan lo mismo, lo que implica que lo mismo sucede con los resultados. La diferencia puede ser simplemente de escala.


Con nuestro refinado lenguaje de ciencia cuántica, disponemos del vocabulario para describir justamente cómo participamos en la determinación de una situación de nuestro futuro. Nuestros antepasados, al reconocer que las experiencias de nuestras vidas existían como acontecimientos situados en el curso del tiempo, nos recuerdan que, para cambiar la naturaleza de las mismas, basta con escoger un nuevo rumbo. La diferencia entre esta línea de pensamiento y la idea de que creamos nuestra realidad manipulando la estructura de la creación es enorme, y, al mismo tiempo, extraordinariamente sutil.


En vez de crear o imponer el cambio en nuestro mundo, quizá la antigua clave a la que se referían los maestros del cambio pasivo en la historia fuera nuestra habilidad para cambiar de enfoque. Buda, Gandhi, Jesús de Nazaret y aquellos que participaron en la oración masiva del mes de noviembre de 1998, todos experimentaron el efecto de ese cambio. La física cuántica sugiere que al dar una nueva dirección a nuestro enfoque -allí donde ponemos nuestra atención-, atraemos un nuevo curso de acontecimientos, a la vez que liberamos otro que ya no nos sirve.


Puede que sea esto precisamente lo que ocurrió esa tarde de noviembre en la campaña contra Irak. Aunque en el pasado la fuerza militar nos sirviera para conseguir nuestras metas políticas, puede que hayamos llegado a un momento en que hemos superado tales tácticas. Por extraño que parezca, la antigua amenaza de destrucción mutua entre potencias con un poder similar ha creado una de las eras de relativa paz más largas que ha conocido nuestro mundo en los últimos años. De todos modos, algo cambió esa noche de noviembre.

Con una voz unificada, nuestra familia global eligió concentrar su atención en la superposición de la paz, en lugar de lograr la paz mediante una actuación militar. Aunque los aproximadamente treinta países que participaban en la oración esa noche representaban sólo una pequeña fracción de nuestro mundo, los efectos fueron muy poderosos. Esa noche, no se perdieron vidas en Iraq por los bombardeos. ¿Podría ser que traer paz a nuestras vidas fuera algo tan simple como concertar un esfuerzo unificado para concentramos en la paz como si esta ya existiera? Las antiguas tradiciones nos preguntan por qué complicamos las cosas.



Fuente:

El Efecto Isaías

Por Gregg Braden

3 comentarios:

António Rosa dijo...

Olá

Gostei muito do seu blog e coloquei-o na minha lista de blogs preferidos.

moderato_Dos_josef dijo...

Hola amiga achernar. me gusta la cuántica, pero te confieso porque me gusta ser sincero hoy no logré acabar el post. No lo achaques a ti, es culpa mía. Estoy cansado, creo que cada vex se me hacen más largos los días. Tu calidad no decae en absoluto soy yo. Seguiré viniendo por supuesto, tus post me iluminan casi todos!

CALIGULA dijo...

Que loco lo de los átomos simultáneos.
Intresantísimo blog para recomendar.

Un saludo.