viernes, 31 de octubre de 2008

La trampa del ego


La trampa del ego

Tomado de "Zen y el Arte del Mantenimiento de la Motocicleta"

Robert Maynard Pirsig


De nuevo en la carretera y hablando otra vez de trampas. La siguiente trampa es importante. Es la trampa de seso interna del ego. El ego no está totalmente separado de la rigidez de valores, sino que es una de sus muchas causas.

Si uno tiene una alta valoración de sí mismo, su capacidad para reconocer nuevos hechos queda debilitada. Su ego le aísla de la realidad de la Calidad. Cuando los hechos demuestran que uno ha cometido, una pifia, no es probable que uno lo admita sin más. Cuando una falsa información le hace a uno quedar bien, es probable que uno así lo crea.

En toda tarea de reparación me­cánica, el ego recibe un trato muy duro. Uno se está engañando continuamente, está cometiendo continuos errores, y el mecá­nico que tiene un gran ego que defender se encuentra en una tremenda desventaja. Si el oyente conoce suficiente mecánica como para pensar en ella como grupo, y si sus observaciones coinciden con las mías, creo que estará de acuerdo en que la mecánica tien­de a ser más bien modesta y tranquila. Hay excepciones, pero en general, si no son tranquilas y modestas al principio, el traba­jo parece inclinarlas hacia este sentido. Y escéptico. Atento, pero escéptico. Pero no egoísta. No hay manera de que uno aparente ser bueno en una tarea de reparación mecánica, excepto ante al­guien que no sepa lo que se está haciendo .

... Iba a decir que la máquina no responde a la personalidad de uno, pero sí responde a esa personalidad. Sólo que la persona­lidad a la que responde es la personalidad real de uno, la que genuinamente siente, razona y actúa, más bien que cualquier ima­gen de una personalidad falsa e hinchada que nuestro ego pueda conjurar. Estas imágenes falsas se desinflan tan rápidamente y por completo que cualquiera que derive su seso del ego más bien que de la Calidad no tardará en sentirse muy desilusionado.

Si la modestia no le es a uno fácil ni natural, una manera de zafarse de esta trampa no deja de ser la de falsificar una actitud modesta. Si uno asume deliberadamente que no vale gran cosa, entonces su seso recibe un estímulo cuando los hechos demues­tran que esta suposición es correcta. Con ello uno va tirando hasta que llegue el momento en que los hechos prueben lo con­trario.