martes, 16 de junio de 2009

El Arte de Ensoñar


La Tercera Compuerta del Ensueño (fragmento)
Carlos Castaneda




-Se alcanza la tercera compuerta del ensueño cuando uno se encuentra en un ensueño, mirando a alguien que está dur­miendo, y ese alguien, resulta ser uno mismo ‑don Juan dijo.

Mi estado energético era tan intenso, que me puse a laborar en la tercera tarea inmediatamente, aunque don Juan no me ofreció más información al respecto. Lo primero que noté fue que una oleada de energía reacomodó el enfoque de mi atención de ensueño; en vez del afán de viajar al reino de los seres inorgánicos, me dejó otro: el afán de despertarme y verme durmiendo.

Después de unos días, me encontré en un ensueño mirán­dome a mí mismo dormido. Se lo reporté a don Juan instantá­neamente. El ensueño había ocurrido durante mi estancia en su casa.

-Hay dos fases en cada una de las compuertas del ensueño ‑dijo‑. Como ya sabes, la primera es llegar a la compuerta, y la segunda es cruzarla. Al ensoñar lo que ensoñaste: que te veías a ti mismo dormido, llegaste a la tercera compuerta. La segunda fase consiste en moverte una vez que te has visto dormido.

"En la tercera compuerta del ensueño ‑prosiguió‑, uno empieza a fusionar la realidad de ensueño con la realidad del mundo cotidiano. Los brujos llaman a este procedimiento, completar el cuerpo energético. La fusión de las dos realidades tiene que ser tan completa, que debe ser más fluido que nunca. En la tercera compuerta, examina todo con gran cuidado y curio­sidad.

Me quejé de que sus recomendaciones eran demasiado enig­máticas, y por lo tanto, carentes de sentido para mí.

‑¿Qué es lo que significa tener gran cuidado y curiosidad? ‑pregunté.

‑En la tercera compuerta, nuestra tendencia es perdernos en detalles ‑contestó‑. Ver las cosas con gran cuidado y curiosidad quiere decir resistir la casi irresistible tentación de sumergirnos en detalles.

"Como te dije, la meta de la tercera compuerta es consolidar el cuerpo energético. Los ensoñadores empiezan a forjar sus cuerpos energéticos siguiendo los ejercicios de la primera y la segunda compuerta. Cuando alcanzan la tercera, el cuerpo energético está listo para emerger, o quizá sería mejor decir que está listo para actuar. Desgraciadamente, esto también quiere decir que está listo para ser capturado por detalles.

‑¿Qué clase de detalles, don Juan?

-El cuerpo energético es como un niño que durante toda su vida ha sido un prisionero. En el momento en que se siente libre, se empapa absolutamente de todo lo que puede encontrar. El cuerpo energético se absorbe totalmente en diminutos detalles que no vienen al caso.

Hubo un largo silencio. Simplemente no había nada en mi experiencia que pudiera darme una idea de lo que don Juan quería exactamente decir.

‑El detalle más inapropiado se convierte en un mundo para el cuerpo energético ‑explicó don Juan‑. El esfuerzo de los ensoñadores para dirigir sus cuerpos energéticos es descomu­nal. Sé que es absurdo pedirte que veas las cosas con gran cuidado y curiosidad, pero esa es la mejor manera de describir lo que tienes que hacer. En la tercera compuerta, los ensoñadores tienen que evitar el casi irresistible impulso de sumergirse en todo; y la manera como lo pueden evitar es siendo tan curiosos, tan desesperados por meterse en todo, que no dejan que nada en particular los aprisione.

Don Juan repitió una y otra vez que sus recomendaciones, que sonaban absurdas para la mente, estaban dirigidas a mi cuerpo energético Puso un tremendo énfasis en la idea de que mi cuerpo energético tenía que unir todos sus recursos para poder actuar.

‑¿Pero, no ha estado actuando todo este tiempo? -pregunté.

-Una parte de él sí, de otro modo no habrías viajado al reino de los seres inorgánicos ‑contestó‑ Ahora tienes que emplearlo en su totalidad para poder completar la tarea de la tercera compuerta. Para hacerle las cosas más fáciles a tu cuerpo ener­gético, tienes que suspender más que nunca los juicios y dic­támenes de la razón.

-Después de todo lo que me ha hecho usted vivir ‑dije‑, me queda muy poca razón.

-Mejor no digas nada. En la tercer compuerta, la razón es la causa de que el cuerpo energético se obsesione con detalles superfluos. En la tercera compuerta necesitamos una fluidez, un abandono irracional para contrarrestar esa obsesión.

La previa aseveración de don Juan de que cada compuerta es un obstáculo no podría haber sido más cierta. Para cumplir con la tarea de la tercera compuerta, tuve que trabajar no sólo más intensamente que en las otras dos tareas, sino que también tuve que luchar contra un miedo sin límites. En el curso de mi vida, había pasado por momentos de profundo miedo, o hasta terror ciego, pero nada de eso pudo jamás compararse con el miedo que sentía por los seres inorgánicos. Sin embargo, toda esta riqueza de vivencias era inaccesible a mi mente en mi es­tado de conciencia normal. Esas vivencias estaban a mi disposi­ción únicamente en presencia de don Juan.

En una ocasión, en el Museo de Antropología e Historia de la ciudad de México, le pregunté acerca de esta insólita situación. Mi pregunta me hizo darme cuenta de que en esos momentos podía recordar todo lo que me había acontecido durante el curso de mi asociación con don Juan. Y eso me lle­nó de júbilo. Me sentí tan libre, tan temerario y ligero que me puse prácticamente a bailar.

-Lo que sucede es que la sola presencia del nagual induce un cambio en el punto de encaje -dijo.

Y sin más ni más me guió a una de las salas de exhibición del museo. Me explicó que mi pregunta tenía relación con algo que había estado planeando decirme.

‑Mi intención era explicarte que la posición del punto de encaje es como una caja fuerte en la que los brujos guardan sus registros -dijo‑. Me quedé boquiabierto cuando tu cuerpo energético sintió mi intento y me hizo una pregunta al respecto. El cuerpo energético sabe inmensidades. Déjame mostrarte cuánto sabe.

Me urgió a que entrara en un estado de total silencio. Me recordó que su sola presencia había provocado un cambio en mi punto de encaje, y que me encontraba ya en un estado especial de conciencia acrecentada. Me aseguró que el hecho de entrar en un estado de total silencio iba a permitir a las escul­turas de ese cuarto hacerme ver cosas inconcebibles. Añadió que algunas de esas piezas arqueológicas tenían la capacidad de producir, por si mismas, un cambio en el punto de encaje, y que si yo alcanzaba un total silencio sería testigo de escenas relacionadas con las vidas de las personas que trabajaron en esas esculturas.