sábado, 6 de septiembre de 2008

Las crisis neptunianas. Ultima parte



La pérdida del yo

La disolución del yo no significa tener automáticamente una vivencia estática de nuestra naturaleza infinita e ilimitada. Perder las fronteras del ego puede dar en ocasiones la sensación de que uno se reventara por las costuras; perdemos el control de aquello a lo que se permite (o se niega) el acceso a la conciencia, y como resultado, es probable que nuestra identidad presente sea invadida por partes de nosotros mismos que hasta ese momento habíamos conseguido mantener a raya. La confusión respecto de quiénes somos en realidad nos lleva a no saber ya lo que queremos en la vida. La nostalgia neptuniana por regresar a un estado de bienaventuranza primaria puede conducir también al escapismo, a tendencias suicidas y a la tentación de perder el yo en las drogas, el alcohol o en cualquier circunstancia o persona que se nos presente.

La derrota del ego es una experiencia de abatimiento y de humillación. Cuando Neptuno en tránsito forma aspectos con nuestros planetas natales, es frecuente que nos encontremos en situaciones en las que no queremos estar, pero que no podamos hacer nada por remediarlo. Es posible que nos enojemos con Dios por abrumarnos con tantos males, o que recemos implorando su ayuda. Hay quien echa la culpa al gobierno de sus problemas. Pero no importa que insultemos al gobierno o que nos refugiemos en el Señor: con frecuencia los tránsitos de Neptuno nos obligan a reconocer que “ahí fuera” hay fuerzas mayores y más poderosas que nosotros. Descubrimos que en realidad no es en modo alguno el yo quien dirige el espectáculo, sino que a veces él también tienen que inclinarse ante una voluntad superior.

Es frecuente que los tránsitos de Neptuno nos pidan que sacrifiquemos aspectos de nuestra vida y de nuestra identidad que han sido importantes para nosotros. Puede haber personas o cosas que queremos desesperadamente, o que sentimos que necesitamos, pero el cosmos, el hado o nuestro “Ser Superior” –depende de cómo queramos llamarlo- no está dispuesto a concedernos lo que con tanta urgencia deseamos. Aprender a renunciar es una lección neptuniana. Bajo la influencia de ciertos tránsitos de este planeta, podemos encontrarnos con que el mundo se nos desmorona. El suelo desaparece bajo nuestros pies, y las estructuras y los apuntalamientos que dábamos por seguros se desploman. Nos sentimos impotentes y a merced de la vida. Mientras esto sucede, es difícil imaginar que de la disolución que experimentamos pueda salir nada positivo. La sensación es más bien la de una maldición que la de una fuerza superior que esté actuando a favor nuestro o favoreciendo nuestro crecimiento. Queremos aferrarnos a lo que se va, atrasar el reloj y mantener las cosas tal como estaban, pero por más que nos esforcemos, nuestros intentos de conseguirlo siempre fallar, Sólo cuando finalmente renunciamos y nos relajamos, creamos la posibilidad de que llegue algo que nos ayude a superar nuestras dificultades y dar el paso siguiente para entrar en una nueva fase de la vida.

Tomado de “Los dioses del cambio”
Howard Sasportas

2 comentarios:

Marcela Simonetti dijo...

Hola Achernar!
Te felicito por tu blog. Realmente los posts son muy interesantes. Este de las crisis neptunianas me resuena mucho, ya que tengo a Neptuno pasando en este momento por mi sol natal (soy acuariana).
Muchas gracias por pasar de visita por mi blog. Te cuento que puse el logo de tu link en arcanos y flores, y en tarot experimento.
Te mando un abrazo desde la Reina del Plata ( Bs As)
Marcela

Achernar dijo...

Marcela:

Gracias por tu visita y por enlazar mi blog mediante el banner.

Ya pasé por los dos blogs que mencionas y te he informando que ya los he enlazado, lo hice hace poco. Son dos blogs maravilloso.

Tal vez publique algo sobre los aspectos de Neptuno en tránsito en aspecto con el Sol nata. Esos textos los tomos de "Los dioses del cambio", de Howard Sasportas, un excelente texto que prácticamenteno se consigue en las librerías especializadas. Sólo es posible adquirirlo a través de Internet.


Abrazos

Achernar